A 91 años de su creación, el Cuadro Negro mantiene viva una tradición que nació en Angol

Cuando en 2015 el Cuadro Negro se trasladó desde el Regimiento de Caballería N.º 3 “Húsares” al Campo Militar “San Isidro”, en Quillota, la tarea fue asegurar que una tradición forjada durante décadas se proyectara con la misma fuerza en una nueva generación de jinetes. Más de diez años después de aquella transición y al cumplir 91 años de historia, esta Escuadra Ecuestre del Ejército de Chile mantiene vigente ese legado mediante la preparación permanente de sus integrantes y la transmisión de una identidad construida a lo largo de generaciones.

El entonces jinete y ahora instructor del Cuadro Negro, Sargento 2° Jhon Inostroza M., vivió directamente el proceso de cambio. De hecho, fue uno de los encargados de transmitir su experiencia a quienes tendrían la responsabilidad de asumir esta nueva etapa.

El Sargento 2° Inostroza cuenta que para conformar una nueva Escuadra se efectuó una selección entre soldados de tropa profesional pertenecientes al Regimiento Escolta Presidencial N.º 1 “Granaderos”. De cerca de 60 postulantes, 20 fueron escogidos y comenzaron un período de aproximadamente un año dedicado a su preparación técnica, instrucción ecuestre y cohesión como equipo antes de retomar plenamente las presentaciones.

“La responsabilidad era que el cambio de sede no significara perder la esencia del Cuadro Negro. Había que formar nuevos jinetes, pero manteniendo el mismo espíritu, la disciplina y el compromiso que habíamos recibido de quienes nos antecedieron”, recuerda.

Los nuevos integrantes debían aprender procedimientos, formas de trabajo y una manera particular de relacionarse con el caballo, aspectos que requieren tiempo y experiencia. El objetivo era transformarlos en osados jinetes del Arma de Caballería.

“Había jóvenes con muy buenas condiciones, pero debían conocer lo que significaba realmente integrar el Cuadro Negro. No era solamente ejecutar un ejercicio; tenían que aprender a trabajar con el caballo, confiar en él, conocer sus reacciones y entender la responsabilidad de representar una historia que venía de muchos años atrás”, explica el Sargento 2.º Inostroza.

Aquella generación formada tras el traslado constituye hoy uno de los vínculos entre la etapa desarrollada en Angol y el presente. Para su actual Jefe, Capitán Matías Moreira G., esa transmisión directa permitió conservar elementos esenciales de su identidad.

“El espíritu que nació en Angol no es un recuerdo abstracto; es una doctrina viva que se ha transmitido entre generaciones. Los instructores que llegaron desde allá entregaron a los nuevos jinetes el rigor, el temple y la mística”, señala.

Una historia que comenzó en Angol

Los orígenes del Cuadro Negro se remontan al 2 de octubre de 1935, cuando en Angol las antiguas “cuartas especiales” del Arma de Caballería dieron paso a una escuadra destinada a exhibir la destreza, prestancia y dominio ecuestre de sus integrantes. Con el transcurso de los años, sus ejercicios, la indumentaria y el nivel técnico alcanzado en sus presentaciones fueron configurando una identidad reconocible dentro de la tradición ecuestre militar chilena.

La conexión que los une con el Regimiento de Caballería N.º 3 “Húsares” quedó reflejado también en elementos que se conservan hasta hoy, entre ellos el uniforme negro de húsar y la característica calavera con tibias cruzadas.

Antes de una presentación existe un arduo trabajo. Los entrenamientos consideran ejercicios individuales y colectivos, desplazamientos, empleo de lanzas y acrobacias de distinta complejidad. Los caballos también desarrollan una preparación progresiva. Deben acostumbrarse a movimientos, sonidos, proximidad con otros ejemplares y diferentes estímulos hasta alcanzar el nivel de seguridad necesario para desenvolverse durante una exhibición.

Esa etapa resulta decisiva para consolidar la coordinación entre jinete y caballo, especialmente en maniobras donde ambos deben responder con precisión y actuar coordinadamente con el resto de la Escuadra.  “La confianza entre el jinete y su caballo se construye con horas de instrucción, profesionalismo y trabajo en equipo. Cada ejercicio exige preparación y conocimiento mutuo”, explica el Capitán Moreira.

Lo anterior les permite que desarrollar un rol de entidad que transmite parte de la historia y tradición del Ejército de Chile.

El relevo de una generación

Uno de los desafíos actuales del Cuadro Negro es preparar a quienes deberán asumir progresivamente nuevas responsabilidades dentro de la Escuadra.

Los integrantes formados después del traslado a Quillota son hoy quienes transmiten los conocimientos adquiridos a los jinetes que se incorporan, generando una cadena de aprendizaje basada en la experiencia acumulada.

Este relevo generacional permite que las técnicas ecuestres, los procedimientos de seguridad y las particularidades propias de sus presentaciones no dependan únicamente de documentos o instrucciones formales, sino también del conocimiento práctico adquirido en terreno.

Actualmente, el Cuadro Negro participa en ceremonias militares, encuentros ecuestres, festivales y actividades abiertas a la comunidad, llevando fuera de los cuarteles una expresión que ha acompañado a distintas generaciones de chilenos.

A más de una década de su llegada al Campo Militar “San Isidro”, continúa perfeccionando sus ejercicios e incorporando nuevos integrantes.

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