{"id":304640,"date":"2026-10-12T22:25:59","date_gmt":"2026-10-13T01:25:59","guid":{"rendered":"https:\/\/tierramarillano.cl\/?p=304640"},"modified":"2026-10-12T22:25:59","modified_gmt":"2026-10-13T01:25:59","slug":"gaza-las-nineces-vulneradas-nos-exigen-algo-mas-que-conmocion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierramarillano.cl\/newweb\/2026\/10\/12\/gaza-las-nineces-vulneradas-nos-exigen-algo-mas-que-conmocion\/","title":{"rendered":"Gaza: las ni\u00f1eces vulneradas nos exigen algo m\u00e1s que conmoci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p class=\"p2\"><b>Katia Riveros Zepeda<\/b><\/p>\n<p class=\"p3\">Educadora de P\u00e1rvulos<\/p>\n<p class=\"p3\">Profesora de Educaci\u00f3n Diferencial<\/p>\n<p class=\"p3\">Magister en Educaci\u00f3n<\/p>\n<p class=\"p3\">Doctoranda en Educaci\u00f3n y Eco transformaci\u00f3n<\/p>\n<p class=\"p5\">Una infancia necesita tiempo para jugar, personas en quienes confiar y un lugar donde sentirse a salvo. Necesita la certeza de que habr\u00e1 un ma\u00f1ana. Cuando esas condiciones son destruidas, la vulneraci\u00f3n alcanza mucho m\u00e1s que el presente: hiere los v\u00ednculos, la memoria y las posibilidades de imaginar la propia vida. En Gaza, preguntarnos por las ni\u00f1eces nos obliga a mirar esa herida y a examinar nuestra responsabilidad frente a ella.<\/p>\n<p class=\"p5\">La magnitud de la p\u00e9rdida resulta estremecedora. El 2 de julio de 2026, Save the Children inform\u00f3 que al menos <b>21.000 personas menores de edad hab\u00edan sido asesinadas por las fuerzas israel\u00edes desde octubre de 2023<\/b>, adem\u00e1s de un n\u00famero desconocido que permanec\u00eda bajo los escombros. Cada vida perdida ten\u00eda una historia, afectos y posibilidades que ninguna estad\u00edstica puede restituir.<\/p>\n<p class=\"p5\">Escrib\u00ed <i>Educaci\u00f3n en Gaza. Donde los escombros son escuelas y el profesorado lucha para que la infancia no sea olvidada<\/i>, desde una inquietud que sigue abierta: \u00bfpor qu\u00e9 el sufrimiento de algunas ni\u00f1eces moviliza una respuesta inmediata, mientras el de otras puede ser observado, explicado y finalmente tolerado? La pregunta incomoda porque compromete nuestra manera de reconocer a los dem\u00e1s. \u00bfQu\u00e9 sucede cuando conocemos el dolor y, aun as\u00ed, aprendemos a convivir con \u00e9l?<\/p>\n<p class=\"p5\">En el pr\u00f3logo, Miguel L\u00f3pez Melero plantea una pregunta decisiva: \u00ab\u00bfC\u00f3mo ha de ser la educaci\u00f3n para que garantice que no vuelva a suceder lo de Gaza?\u00bb. Su interpelaci\u00f3n lleva el problema hasta las aulas y la formaci\u00f3n del profesorado. Nos exige revisar qu\u00e9 entendemos por educar, qu\u00e9 lugar damos a la dignidad humana y c\u00f3mo respondemos cuando esa dignidad es arrasada.<\/p>\n<p class=\"p5\">La destrucci\u00f3n educativa permite dimensionar esa responsabilidad. En su actualizaci\u00f3n de abril de 2026, UNICEF se\u00f1al\u00f3 que <b>cerca del 98 % de los edificios escolares de Gaza estaban da\u00f1ados<\/b>, y que <b>m\u00e1s del 93 % requer\u00edan rehabilitaci\u00f3n importante o reconstrucci\u00f3n completa<\/b>. Una escuela destruida supone tambi\u00e9n la p\u00e9rdida de un lugar de encuentro, de rutinas compartidas y de relaciones que ayudan a sostener la vida.<\/p>\n<p class=\"p5\">La educaci\u00f3n pierde parte de su sentido cuando ense\u00f1a derechos humanos sin abrir espacios para comprender las experiencias de quienes ven vulnerados esos derechos. Hablar de paz requiere examinar las condiciones que hacen posible vivir en ella. Ense\u00f1ar el cuidado implica reconocer a quienes necesitan protecci\u00f3n, incluso cuando su lengua, su historia o su territorio nos resultan lejanos.<\/p>\n<p class=\"p5\">La \u00e9tica del rostro de Emmanuel L\u00e9vinas ofrece una orientaci\u00f3n para pensar esa responsabilidad. En el libro lo expreso as\u00ed: \u00abEl rostro infantil \u2014fr\u00e1gil, indefenso, interpelante\u2014 deber\u00eda bastar para activar la responsabilidad m\u00e1s all\u00e1 de todo contrato\u00bb. Ese rostro nos reclama antes de cualquier c\u00e1lculo de conveniencia. Su humanidad no depende de nuestra afinidad pol\u00edtica ni de la cercan\u00eda geogr\u00e1fica. Una vida infantil merece protecci\u00f3n por su dignidad.<\/p>\n<p class=\"p5\">Sin embargo, la distancia puede convertirse en una excusa. Las im\u00e1genes circulan y corremos el riesgo de acostumbrarnos. La repetici\u00f3n del horror puede debilitar nuestra capacidad de detenernos ante cada vida, reconocer una biograf\u00eda y comprender una p\u00e9rdida. A esa exclusi\u00f3n del sufrimiento del horizonte de nuestra responsabilidad la llamo <b>dolor negado<\/b>: un dolor conocido que no recibe el reconocimiento ni la respuesta que exige.<\/p>\n<p class=\"p5\">En el ep\u00edlogo, Silvia L\u00f3pez de Maturana nos pregunta: \u00ab\u00bfCu\u00e1ndo perdimos la capacidad de cuidar? \u00bfPor qu\u00e9 nos volvimos indiferentes e insensibles al otro?\u00bb. Sus palabras sit\u00faan el cuidado en nuestras relaciones cotidianas y en las decisiones colectivas. Cuidar exige advertir las consecuencias de nuestros actos, de nuestras omisiones y de aquello que terminamos aceptando como inevitable.<\/p>\n<p class=\"p5\">Desde ah\u00ed propongo una pedagog\u00eda del estremecimiento. El estremecimiento comienza cuando el sufrimiento ajeno interrumpe nuestras certezas; adquiere sentido educativo cuando se transforma en comprensi\u00f3n, responsabilidad y acci\u00f3n. Conmovernos puede abrir una puerta, pero necesitamos atravesarla: estudiar la historia, escuchar las voces palestinas, cuestionar los discursos que deshumanizan y sostener pr\u00e1cticas de solidaridad.<\/p>\n<p class=\"p5\">Tambi\u00e9n necesitamos reconocer los esfuerzos por recuperar el aprendizaje sin confundirlos con el restablecimiento pleno del derecho a la educaci\u00f3n. Seg\u00fan el informe de OCHA del 25 de septiembre de 2026, aproximadamente <b>495.000 personas en edad preescolar y escolar estaban inscritas en espacios educativos apoyados por Naciones Unidas y sus organizaciones asociadas<\/b>, mientras unas <b>200.000 permanec\u00edan sin acceso a ninguna forma de aprendizaje estructurado<\/b>. Estos datos muestran tanto la persistencia del trabajo educativo como la enorme desprotecci\u00f3n que sigue pendiente de respuesta.<\/p>\n<p class=\"p5\">Mi libro reconoce al profesorado que procura sostener el aprendizaje en condiciones extremas. All\u00ed, el encuentro educativo puede preservar v\u00ednculos, pertenencia y una posibilidad de futuro. Ese reconocimiento debe acompa\u00f1arse de una exigencia de protecci\u00f3n: ninguna persona deber\u00eda tener que ense\u00f1ar, aprender o crecer entre escombros.<\/p>\n<p class=\"p5\">Las ni\u00f1eces de Gaza nos interpelan desde su derecho a vivir, jugar, aprender y ser cuidadas. La respuesta empieza cuando dejamos de considerar su sufrimiento ajeno y asumimos las responsabilidades que est\u00e1n a nuestro alcance. Que el dolor nos estremezca debe significar, tambi\u00e9n, que algo cambie en lo que ense\u00f1amos, en lo que exigimos y en lo que hacemos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Katia Riveros Zepeda Educadora de P\u00e1rvulos Profesora de Educaci\u00f3n Diferencial Magister en Educaci\u00f3n Doctoranda en Educaci\u00f3n y Eco transformaci\u00f3n Una infancia necesita tiempo para jugar, personas en quienes confiar y un lugar donde sentirse a salvo. Necesita la certeza de que habr\u00e1 un ma\u00f1ana. 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