CLT: La “súper madera ” para construir viviendas y edificios

Excelentes condiciones de aislación, recurso renovable, hermético y de gran resistencia son parte de las propiedades del contralaminado de madera, utilizado con éxito en construcciones en altura, en países como Canadá, Alemania, Austria e Italia, entre otros.

 

La creencia popular señala que enfrentado a un incendio habitacional las construcciones de hormigón entregan mayor seguridad a sus ocupantes, en comparación con aquellas de madera. Más aún. Si pensamos en las probabilidades de sobrevivencia ante la acción del fuego, la mayoría de las personas se inclinaría por el primer tipo de construcciones.

Sin embargo, esta creencia comienza a cambiar de la mano de un moderno sistema constructivo en base al contralaminado de madera más conocido por sus siglas: CLT. Este producto forestal es uno de los principales materiales utilizados por arquitectos de Canadá, Austria, Alemania, Suiza e Italia, países en que se ha desarrollado una fuerte industria de fabricación de paneles y obras de CLT que incluso ha llevado a construir edificaciones de contralaminado de madera de hasta 18 pisos de altura.

“Hace casi 20 años no se hablaba de este tipo de construcción. Entre el 2000 y 2015 la construcción en madera era insignificante y actualmente hemos pasado a cifras que indican que el 8% de las construcciones son con este tipo de material y un gran porcentaje de ellas, se refiere a proyectos de construcción pública”, sostiene Alessandro Lacedelli, administrador delegado de Rubner, grupo líder en construcción en madera en Europa.

Jorge Calderón, diseñador industrial y gerente general de Crulamm, primera empresa chilena dedicada a la fabricación y construcción de paneles de CLT, asegura que una de sus ventajas es que aísla el calor y frío, evitando transmitirlo a otros materiales y al ambiente interno de las edificaciones. Destaca además su baja huella de carbono lo que ha favorecido el desarrollo de la industria en Europa. “El 80% de la producción de CLT del mundo está concentrada en Alemania, Austria, Italia y el norte de Suiza, gracias al impulso de los gobiernos regionales debido, además, a la baja huella de carbono”, explica Calderón.

Precisamente el ser un material renovable, amigable con el medioambiente y menos contaminante, lo hace ir en la línea del accionar que han asumido diversos países para enfrentar los efectos del cambio climático. Los ensayos de laboratorio a los que se ha sometido esta “madera del futuro” han determinado, por ejemplo, que mientras una construcción tradicional de concreto de 30 metros cúbicos “emite” 30 toneladas de CO2, el impacto de una construcción de CLT de las mismas características es considerablemente menor, llegando a “capturar” 12 toneladas de CO2, medido sobre la misma obra.

A la baja huella de carbono se agregan otras propiedades de este material como aislar del calor y frío, en mayor porcentaje y reducir su transmisión a otros materiales. Además entrega una mayor aislación natural que puede ser 20 veces superior a los materiales tradicionales, lo que permite manejar condiciones de temperatura y humedad de mejor forma.

Qué es un CLT

El CLT es un bloque de madera de gran tamaño y bajo peso, que se fabrica industrialmente y que consiste en un conjunto de capas de madera unidas entre sí y dispuestas de forma transversal a 90 grados. Se diferencia de la madera laminada porque en esta última la disposición de capas es longitudinal, es decir todas en el mismo sentido.

Una de sus principales ventajas para la construcción es que “como el CLT se fabrica en forma industrial, es decir, estandarizada, el montaje de muros de grandes dimensiones en obra se hace a una mayor velocidad porque se fabrica con la precisión de la industria del mueble para que todo el montaje funcione perfectamente”, detalla el gerente de Crulamm.

El experto Alessandro Lacedelli, agrega que “tenemos un trabajo positivo en materia de sustentabilidad, porque usamos un material que está en la naturaleza- como lo es la madera- y que también nos entregan un bajo consumo energético en la transformación de ese material. Además, sabemos que nuestras casas dan un balance positivo de construcción de CO2”, subraya.

Desarrollo promisorio en Chile

En 2011 Jorge Calderón y, su socio el ingeniero Juan Marcus, se embarcaron en la construcción de una vivienda habitacional, construida 70% en base a CLT, en la comuna de San Pedro de la Paz, Región del Biobío. La edificación de 120 metros cuadrados y dos pisos de altura fue posible gracias a recursos de Fondef, Conicyt. Dos años más tarde, una nueva casa habitacional incluiría una losa construida con contralaminado en roble, también en San Pedro de la Paz.

En 2015, levantarían una casa residencial 100% de CLT, de 3 pisos y 180 metros cuadrados, en la comuna de San Bernardo, de la arquitecta M. Cecilia Poblete y en 2016 participaron en un trabajo de ampliación de la Facultad de Arquitectura de la Universidad del Biobío, con la fabricación en CLT de las losas entre el primer y segundo piso, proceso de fabricación que solo duró una semana y en cuyo montaje demoraron solo 3 horas. Además en parte de la construcción del edificio de la CMPC en Los Ángeles se usó CLT.

Es este escenario incipiente de la industria asociada al CLT el que lleva a Jorge Calderón a fabricar este “supermaterial de madera” y además a avizorar una creciente oferta de proyectos no solo en edificaciones de baja altura sino también en construcciones de más de cuatro pisos.

“Las pruebas de CLT realizadas en Chile son similares a las que se usan en Europa y nuestro pino, en las condiciones en que se está produciendo, permite dar garantías de lo que se está haciendo en CLT en nuestro país responde de igual manera a como se ha hecho en Europa en sus inicios”, recalca el gerente de Crulamm.

En Chile en el desarrollo industrial del CLT no solo participa Crulamm, sino también la empresa Corte Lima en Los Ángeles. Los expertos señalan que nuestro país no tendría mayores dificultades en materia de abastecimiento de los requerimientos en CLT. Una planta pequeña por ejemplo, demandaría 10.000 m3 anuales aproximadamente y una industria de mayor tamaño requeriría 60.000m3 anuales, volumen que sería abordable por las empresas madereras chilenas.

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