AMÉRICA LATINA El Amazonas es el «mar verde» de Bolivia, y Evo Morales también lo monetiza

DW (cp)

 

La política ambiental de Evo Morales es menos compatible con la naturaleza de lo que el Gobierno quiere hacer creer. Los incendios forestales han sacado a relucir sus fallas. Expertos exigen un cambio de curso.

«Si la naturaleza fuera un banco, ya la habrían salvado”, dijo el escritor uruguayo Eduardo Galeano (1940-2015), quien en su libro «Los hijos de los días” trata la relación del hombre con su entorno. Justamente la masiva quema de la Amazonía en Bolivia y Brasil ha puesto de relieve su valor, no solo en cifras de exportaciones de soja y carne, sino también como sistema regulador del clima de la Tierra. ¿Qué pesa más?

Los incendios forestales arden desde hace unos 20 días en la Chiquitanía boliviana, una región contigua al Amazonas en la que se habría quemado ya una superficie de un millón de hectáreas. Expertos ambientalistas y críticos de la gestión del presidente de Bolivia, Evo Morales, lo han acusado de prender el fuego y esconder la mano al promover, por un lado, la quema de bosques, y el por el otro, negar durante demasiado tiempo el problema.

¿Pausa ecológica?

Este 27 de agosto, Morales adoptó una medida pedida a gritos por expertos y jóvenes manifestantes en varias ciudades del país: «He decidido (una) pausa ecológica en la zona de la Chiquitanía. ¿Qué significa eso? Prohibida la venta de tierras», dijo Morales a la agencia efe en Roboré, en la región oriental de Santa Cruz, donde funciona el centro de operaciones para coordinar las acciones contra los incendios.

«La Chiquitanía, o Llanos de Chiquitos, es un bosque seco y endémico con una fauna y flora únicas que alberga jaguares, pumas, pecaríes e insectos polinizadores, entre muchos otros, y que forma un sistema de transición entre la selva Amazónica, el Chaco y el Pantanal. Esta última es una red de aguas compartida con Brasil, Argentina y Uruguay, cuya cuenca alta está justo en Bolivia y Brasil, ahora en llamas”, explica a DW Miguel Angel Crespo, director de Probioma, una organización que asiste en la Chiquitanía a comunidades y expertos sobre el manejo de la biodiversidad.

¿Asentamientos en el bosque para potenciales electores?

«Al Gobierno de Evo Morales le pedimos derogar las leyes emitidas desde 2013, que van en detrimento de los bosques bolivianos porque promueven la quema para sembrar cultivos y engordar ganado, y perdonan a quienes ya han talado el bosque; declarar la emergencia ambiental; revertir los asentamientos de colonos foráneos de los últimos meses en la región que han sentado la base de las quemas de hoy y, por último, declarar una ‘pausa ecológica'», agrega Crespo, egresado de la Universidad de San Andrés, en La Paz. Esta última petición fue anunciada por Morales justo en el mismo momento en el que DW hablaba con el experto de Probioma, que también ejecuta un monitoreo socioambiental en la Chiquitanía, una región «no apta para agricultura”, como lo demuestran estudios científicos de hace ya 20 años, agrega Crespo.

Ganado de engorde para el mercado ruso.Ganado de engorde para el mercado ruso.

Durante un viaje presidencial a la Chiquitanía, Morales reconoció la gravedad de los daños, pero también defendió «el chaqueo», la práctica de agricultores para ampliar áreas de cultivo a través de la quema de bosques. Por su parte, el ministro de Desarrollo Rural y Tierra, César Cocarico, desmintió que los desmontes de áreas forestales en la Chiquitanía hayan sido autorizados por el actual Gobierno y explicó que ese proceso data del gobierno de Hugo Bánzer, en 2001.

«Lo único que hizo el presidente Evo Morales es ampliar dicho desmonte al departamento del Beni para favorecer a los cultivadores de arroz, por lo que decir que los incendios que se producen en la Chiquitanía son por culpa de este decreto es faltar a la verdad y una campaña malintencionada de la oposición», dijo en rueda de prensa cubierta por la oficialista Agencia Boliviana de Información (ABI).

Crespo, por su parte, asegura que lo que ha hecho el Gobierno de Morales es «generar una tendencia de destrucción de la naturaleza que no existía antes en las comunidades tradicionales”.

La naturaleza debe ser la prioridad

Lo que está quedando de la Chiquitanía, en BoliviaLo que está quedando de la Chiquitanía, en Bolivia

«La vocación de los suelos no se puede cambiar por decreto”, reitera el director ejecutivo de Probioma, quien insiste en que quemar el bosque para cultivar arroz o soja desconoce lo que ya han probado técnicos y científicos: «Ni los suelos de la Chiquitanía ni los de la Amazonía son aptos para la agricultura”, subraya.

Esa postura extractivista frente a los bosques ya es bien conocida en Brasil y todos los ocho países con territorios amazónicos. «El Gobierno de Brasil no ve a la Amazonía como el sistema vital para la regulación del clima que es, sino como una región por explotar”, dijo a radio pública alemana DLF la directora de la Fundación Heinrich Böll, en Rio de Janeiro, Annette von Schönfeld.

Miguel Ángel Crespo concuerda que, en principio, en Bolivia no se ve de forma diferente. «Tanto gobernantes como habitantes tenemos que reconocer que el bosque no es un estorbo sino un aliado para la producción de innovaciones biotecnológicas basadas en su biodiversidad, por ejemplo”. Y va más allá: «En realidad, lo que hay que hacer es cambiar el modelo de producción extractiva”, apunta el experto, y concluye que Bolivia no va a convertirse nunca en un país industrializado, por lo que hay que conservar lo más valioso que tiene, «su naturaleza”.

En el estudio de la Unión Europea “La economía de los ecosistemas y la biodiversidad”, publicado en 2008, se recomienda dejar de hablar tanto de “la naturaleza del valor” y dedicarse mejor a comprender el “valor de la naturaleza”. Allí se afirma que, contrario a lo que creyó Eduardo Galeano, los bosques sí son un banco, uno que contiene riquezas aún no valoradas. Según el Fondo Mundial (WWF), en el Amazonas hay 40.000 especies de plantas y solo desde 1999 se han registrado 2.200 nuevas especies de animales. Así, el Amazonas parece no solo un banco que no se salva, sino uno que, además, se quema intencionalmente.

Activistas del grupo «Mi Bolivia» lo ponen en otras palabras: «Nuestro mar es verde. Y estamos a pocos años de perderlo también”.

 

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