REPUDIO MUNDIAL. Daniel Ortega autorizó asalto policial a residencia episcopal para detener a obispo Rolando Álvarez, crítico del régimen.

SAN JOSÉ, Costa Rica. Encubiertos en las sombras y en el silencio de la madrugada, el dictador de Nicaragua, Daniel Ortega y su esposa, Rosario Murillo, asestaron este viernes el más fuerte golpe a la jerarquía católica nicaragüense en 52 meses de conmoción política interna y ejecutaron por sorpresa un asalto policial a una curia episcopal para detener a Rolando Álvarez, obispo de Matagalpa y figura emblemática de la aguda crisis de ese país.

El arresto de Álvarez, severo y permanente crítico del régimen, provocó el repudio mundial y agravó el profundo conflicto nicaragüense. El prelado quedó recluido desde este viernes en su casa en Managua, en lo que la pareja gobernante definió como «resguardo domiciliar».

El caso ahondó la represión política en Nicaragua a partir de que, el 18 de abril de 2018, se detonó una masiva y popular protesta antigubernamental sin precedentes en reclamo de democracia y libertad, luego de que Ortega retornó en 2007 a la presidencia tras gobernar de 1979 a 1990. Ortega se reeligió tres veces consecutivas para gobernar al menos hasta 2027 como un bastión anti-Washington del eje izquierdista de Cuba y Venezuela.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) informó este viernes que su secretario general, el portugués António Guterres, está «muy preocupado por el grave cierre del espacio civil y democrático en Nicaragua, y recientes acciones contra organizaciones de la sociedad civil, incluidas las de la Iglesias».

Por José Meléndez, corresponsal.

Fuente El Universal

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