Latinoamérica y Asia: la conexión estratégica que podría redefinir el futuro de la innovación y la aceleración de startups hacia 2026

  • Mientras Corea del Sur y Japón han construido ecosistemas altamente estructurados, impulsados por inversión pública, Deep Tech e infraestructura tecnológica avanzada, Latinoamérica avanza desde una lógica distinta: una cultura emprendedora fuerte, colaboración regional y startups que nacen con vocación de escalamiento.
  • Esta combinación abre un terreno fértil para alianzas estratégicas y transferencia de conocimiento entre ambas regiones

Santiago, enero 2025.- A medida que los ecosistemas de innovación evolucionan, comienza a hacerse visible el potencial de colaboración entre regiones con trayectorias distintas. Corea del Sur y Japón, con ecosistemas altamente estructurados y fuerte inversión pública, y Latinoamérica, con una cultura emprendedora colaborativa y orientada a mercado, representan un ejemplo claro de esa complementariedad.

Esta convergencia abre una oportunidad concreta para construir alianzas más equilibradas y complementarias entre Asia y Latinoamérica, basadas en el intercambio de conocimiento, tecnología y experiencia de mercado.

Para María Noel de la Paz, Accelerator Director en Magical, fondo de inversión y aceleradora de startups para Latinoamérica, y actualmente radicada en Corea del Sur, este potencial de colaboración entre ecosistemas responde a una etapa de mayor madurez del ecosistema latinoamericano, que hoy permite pensar vínculos más equilibrados y complementarios con Asia.

“No existen modelos universales de innovación, sino trayectorias construidas desde identidades propias. En ese sentido, el desafío para Latinoamérica no es imitar, sino reconocer el valor de su propia esencia y proyectarla como una propuesta complementaria al mundo. Desde soluciones ancladas en problemas reales hasta una mirada cada vez más sofisticada sobre impacto y eficiencia, la región tiene mucho que aportar desde sus propias fortalezas. Es desde esa identidad, basada en cómo se innova, que Latinoamérica puede vincularse con Asia de manera complementaria, afirma.

Diferencias que inspiran: inversión estatal, inversión estatal, I+D y Deep Tech

El ecosistema coreano destaca por un nivel de inversión estatal excepcional. Solo en 2024, el gobierno destinó cerca de US$2.7 mil millones a fortalecer su ecosistema de innovación, a través de infraestructura tecnológica, programas de desarrollo, hubs especializados y plataformas orientadas a impulsar el crecimiento temprano de startups. Este enfoque contrasta con el modelo latinoamericano, donde el desarrollo del ecosistema ha sido impulsado de manera diversa según el país, con roles más distribuidos y compartidos entre actores públicos, privados, fondos de inversión y universidades, dando lugar a modelos más descentralizados y colaborativos.

Lejos de representar una brecha entre ecosistemas, esta diferencia de modelos abre una oportunidad de aprendizaje mutuo. En ese contexto, Corea del Sur y Japón se han posicionado como referentes globales en áreas como Deep Tech, hardware avanzado y robótica, apoyados por décadas de inversión sostenida en investigación y desarrollo, así como por una sólida base industrial.

En el caso de Corea del Sur, este liderazgo se extiende además a áreas como energía e hidrógeno, mientras que Japón destaca por su trayectoria en automatización, manufactura avanzada y tecnologías industriales. Este desarrollo ha sido acompañado por centros de excelencia como KAIST, considerado el “MIT coreano”, junto con programas que acompañan a las startups desde etapas tempranas hasta su consolidación.

“En Corea existe una cultura de alta exigencia en formación y excelencia técnica, lo que se traduce en profesionales altamente capacitados y en el desarrollo de soluciones tecnológicas de vanguardia. En Latinoamérica también contamos con talento de primer nivel, pero nuestro enfoque suele partir de problemas muy concretos de la región. Eso ha impulsado a muchas startups a crecer con rapidez y a desarrollar soluciones altamente aplicables. Cuando ambas miradas se conectan, se genera un match muy potente: Asia desde la infraestructura tecnológica y la profundidad industrial; Latinoamérica desde la urgencia, el pragmatismo y la capacidad de llevar soluciones al mercado”, explica de la Paz.

Desafíos del ecosistema asiático 

Pese al músculo tecnológico coreano, el ecosistema presenta desafíos:

  • Menores niveles de colaboración horizontal entre emprendedores, en comparación con otros ecosistemas.

  • Fuerte jerarquía organizacional y baja orientación a mercados globales en etapas tempranas.

  • En contraste, Chile y Latinoamérica han fortalecido una cultura emprendedora horizontal, cercana y orientada a resolver problemas reales con vocación internacional desde el día uno.

Esta diferencia, lejos de ser una barrera, abre un espacio fértil para colaboraciones equilibradas y complementarias entre ambos ecosistemas.

“Latinoamérica tiene algo que aquí se observa con mucho interés: somos colaborativos por necesidad, porque estamos acostumbrados a hacer mucho con menos. Esa esencia nos convierte en socios atractivos para ecosistemas que, pese a tener recursos tecnológicos gigantescos, aún están aprendiendo cómo escalar globalmente.”, señala de la Paz.

Los puntos donde el match ya comenzó

Una de las áreas donde la convergencia entre ambos ecosistemas ya es más visible es la transición energética. Corea cuenta con tecnologías e infraestructura para avanzar en energía limpia, mientras que Chile posee condiciones naturales únicas para integrarlas, desde el litio hasta la radiación solar del desierto más extremo del mundo.

Delegaciones chilenas recientes han identificado oportunidades concretas para licitaciones, proyectos de colaboración y transferencia tecnológica.

“El intercambio entre regiones ya está tomando forma. Chile tiene la oportunidad de atraer tecnología de punta que complemente sus industrias estratégicas, y Corea puede encontrar en nuestros recursos naturales el entorno ideal para seguir innovando. Ese cruce de caminos es una señal clara de que existe una oportunidad concreta para profundizar estas conexiones”, agrega de la Paz.

La convergencia entre Asia y Latinoamérica no implica replicar modelos, sino aprender de estructuras que han demostrado resultados y adaptarlas a una realidad cultural distinta. Como explica de la Paz, “no existe un plug-and-play en innovación. La clave está en entender la matriz cultural que sostiene cada ecosistema y construir desde ahí”.

Más información en https://magicalstartups.com/

Síguenos en facebook

Comparte

Facebook
Twitter
WhatsApp