Aunque crece 22,3% interanual, la penetración de autos eléctricos en Chile sigue bajo el promedio regional y abre el debate sobre incentivos, infraestructura y experiencia de carga.
Chile es vitrina mundial en buses eléctricos, pero en autos de uso particular aún juega un partido más chico. Esa fue una de las principales conclusiones del webinar “Cifras que aceleran”, organizado por Enerlink junto a AMIVE (México), ASOMOVE (Costa Rica) y AVEC (Chile), donde se compararon ventas y niveles de adopción de vehículos eléctricos de batería (BEV) en Latinoamérica.
En 2025 se vendieron 5.512 autos 100% eléctricos en Chile, lo que equivale al 1,8% del total de vehículos comercializados en el país. Aunque la cifra representa un crecimiento de 22,3% respecto del año anterior, deja a Chile más atrás que años pasados en la región en términos de penetración, detrás de Uruguay (24,5%), Costa Rica (16%), Colombia (7,8%), México (2,8%) y otros mercados que han mostrado avances más acelerados.
En volumen, Brasil lidera ampliamente con 80.178 unidades en 2025, seguido por México con 43.358. Colombia destacó como uno de los mercados que más creció en términos relativos, con un salto interanual de 116,9% hasta las 19.910 unidades.
La comparación deja una señal clara para Chile: no basta con ser referente global en transporte público eléctrico si la electrificación del uso cotidiano —familias, trabajadores independientes y flotas livianas— no avanza al mismo ritmo. En los países que hoy lideran la adopción regional, el crecimiento ha estado acompañado de incentivos tributarios, señales regulatorias claras y una expansión consistente de la infraestructura de carga.
En el panel, representantes del ecosistema chileno coincidieron en que el país cuenta con experiencia y capacidades técnicas, pero que la masificación en vehículos livianos enfrenta barreras conocidas: precio de entrada, definición de políticas públicas, disponibilidad de modelos y, especialmente, experiencia de carga.
Daniel Ramírez, Growth Marketing Manager de Enerlink, subrayó que la infraestructura no se mide solo por cantidad de cargadores instalados, sino por su disponibilidad, estándares, interoperabilidad y operación efectiva. “Cuando esa capa falla, la adopción se mantiene como nicho y no como transición real”, señaló. El riesgo ya se observa en Colombia, donde el crecimiento de ventas supera el ritmo de expansión de la red de carga, lo que ya tensiona el mercado, generando incomodidad en gran parte de los usuarios.
El desafío para Chile, agregó Ramírez, es dar el salto desde el liderazgo en buses —donde ya demostró capacidad de electrificación a gran escala— hacia un ecosistema integral que incluya vehículos livianos particulares.
Enerlink, firma chilena que opera en seis países de la región y gestiona más de 2.000 cargadores junto a más de 133 GWh en sus plataformas, planteó que 2026 será un año decisivo. A su juicio, se diferenciarán los mercados que consoliden y apuesten por la interoperabilidad de la red de carga, esencial para la democratización de la movilidad eléctrica, de aquellos que se queden solo en el aumento de su parque automotriz eléctrico pero sin la adecuada experiencia de carga.
El encuentro contó con la destacada participación de Germán Carmona, presidente de AMIVE México; Silvia Rojas, directora ejecutiva de ASOMOVE de Costa Rica; Rodrigo Salcedo, presidente de AVEC Chile y Sebastián Waldmann, CCO de Enerlink.
Enerlink adelantó que continuará publicando análisis comparativos regionales para aportar datos que orienten la toma de decisiones de empresas y autoridades.







