El IPC total registró una variación de –0,01% m/m en febrero, ubicándose por debajo de las expectativas del mercado, aunque en línea con nuestra proyección (Santander: –0,04%). Los seguros de inflación anticipaban 0,08% m/m, la encuesta de Bloomberg 0,1% y la EEE 0,2%. Con este resultado, la inflación anual descendió a 2,4%, desde 2,8% en enero.
El IPC sin volátiles aumentó 0,2% m/m, con una variación anual de 3,3% a/a (3,4% en enero). En sus componentes, los bienes registraron una variación mensual nula, manteniendo el crecimiento anual en 2,3%. Los servicios, por su parte, se expandieron 0,3% m/m, desacelerando su expansión anual hasta 4,1% a/a (4,3% previo).
Por su parte, el IPC volátiles cayó –0,3% m/m y se ubicó en 0,8% a/a (1,7% el mes previo), explicado principalmente por menores precios de combustibles (–1,1% m/m) y tarifas eléctricas (–1,7% m/m).
Hasta este punto, la evolución inflacionaria había sido coherente con nuestro escenario y habría respaldado un recorte de tasas en marzo. No obstante, el escenario cambió significativamente tras el reciente conflicto en Medio Oriente, que ha provocado un fuerte aumento en los precios internacionales de la energía, con alzas del petróleo en torno a 25% en la semana, el diésel acumula en el año un alza de casi 90%, mientras las gasolinas se empinan 30% semanal. A lo que se suma la depreciación del peso que ya alcanza los $925 (+$52 semanal).
Actualmente, nuestro escenario considera que el alza en estos precios habría alcanzado un máximo que se mantendrá en el corto plazo, para luego corregirse gradualmente durante el año, aunque sin retornar a los niveles previos al conflicto. Así, este shock tiene un impacto significativo en la senda inflacionaria proyectada, donde nuestras estimaciones preliminares apuntan a un cierre de 2026 por sobre el 3% a/a, mayor a nuestra proyección previa de 2,7%. Sin embargo, aún existe alta incertidumbre sobre la duración e intensidad del conflicto, por lo que los riesgos son al alza.
En este contexto, estimamos que el Banco Central no recortará la Tasa de Política Monetaria en la reunión de marzo, reevaluando la decisión en abril, siempre que exista mayor claridad respecto de la duración e intensidad del conflicto y su impacto en los precios energéticos y efectos de segunda vuelta. 







