- El asesinato de una inspectora a manos de un estudiante revivió el debate sobre seguridad escolar. Un reciente estudio de la Universidad del Alba determinó que un 78,9% de los consultados cree que la violencia entre estudiantes es frecuente o muy frecuente, y solo un 36,6% considera que los colegios son espacios seguros para niños y adolescentes.
La violenta muerte de una inspectora al interior de un colegio en Calama volvió a instalar con fuerza una pregunta incómoda: ¿siguen siendo seguros los espacios educativos en Chile?
El hecho ocurrido el pasado viernes 27 de marzo, cuando un estudiante de 18 años atacó con un arma blanca a funcionarios y alumnos del establecimiento, causando la muerte de una inspectora de 59 años y dejando al menos cuatro personas heridas, reabrió las alarmas en medio de debates sobre seguridad escolar y la necesidad de instalar pórticos detectores de metales en los establecimientos.
Este caso —de una gravedad inédita— no solo conmocionó al país, sino que también posicionó el tema de la violencia como urgencia que se venía postergando hace un tiempo, aun cuando investigaciones daban cuenta de la prioridad ciudadana.
Una percepción que ya estaba instalada
Un reciente estudio del Observatorio Social de la Universidad del Alba, dependiente
de la Facultad de Ciencias Sociales, reveló una alta preocupación ciudadana por el
aumento de episodios de violencia en los colegios.
La investigación da cuenta que el 78,9% de los consultados (1.000 personas mayores de 18 años en 70 comunas del país) cree que la violencia entre
estudiantes es frecuente o muy frecuente, destacando como formas más comunes la
violencia psicológica, la física y el ciberacoso. Estos datos confirman que el problema
trasciende las salas de clases y se extiende a entornos virtuales y comunitarios.
Además, otro de los hallazgos más relevantes es que apenas un 36,6% de las personas considera que los colegios son espacios seguros para niños y adolescentes, lo que refleja una pérdida de la función protectora que históricamente se le ha asignado a la escuela.
Además, un 52% considera que la violencia juvenil, en general, es “muy preocupante”,
vinculándola principalmente a la falta de disciplina en el hogar, el consumo de drogas y alcohol, y la influencia de las redes sociales.
Estos resultados dialogan directamente con el impacto del caso de Calama, donde el ataque ocurrió en plena jornada escolar y dentro del recinto educativo, rompiendo uno de los principales supuestos del sistema: la seguridad del entorno escolar.
“La violencia escolar ha dejado de ser un hecho aislado para convertirse en un problema estructural que refleja tensiones en la familia, la comunidad y las redes sociales. Los resultados muestran que la ciudadanía ya no percibe la escuela como un espacio seguro, y eso es una alerta que no podemos ignorar si queremos preservar su rol formativo y protector”, explica Marcelo Estrella, académico del Observatorio Social, perteneciente a la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad del Alba.
Qué pide la ciudadanía
El ataque no fue un hecho aislado. En los últimos años, Chile ha registrado múltiples episodios de violencia en contextos educativos, incluyendo apuñalamientos, agresiones a docentes y enfrentamientos entre estudiantes.
Sin embargo, lo ocurrido en Calama marca un punto de inflexión: la violencia escolar deja de ser percibida como conflicto entre pares y escala hacia hechos de extrema gravedad, incluso con resultado fatal.
Tras el ataque, el Gobierno anunció medidas como la eventual instalación de detectores de metales y refuerzo de seguridad en colegios. No obstante, expertos coinciden en que las soluciones deben ir más allá del control físico.
El mismo estudio de la Universidad del Alba revela que la ciudadanía se inclina por medidas de carácter preventivo antes que punitivo. Entre las más respaldadas están:
- Participación activa de apoderados en programas preventivos (25,5%).
- Mayor autoridad para profesores y directivos (21,6%).
- Orientación psicológica en los colegios (21%).
Solo un 13,1% respalda la expulsión rápida de estudiantes violentos, lo que confirma que el énfasis ciudadano está en la educación y el acompañamiento antes que en el castigo. La encuesta deja un mensaje claro: la violencia escolar es percibida como parte de un fenómeno social más amplio que involucra al hogar, la comunidad y las redes sociales.
“Los resultados muestran una ciudadanía que demanda prevención, más vínculo entre las familias y las escuelas, y un Estado capaz de responder con políticas integrales. La violencia escolar es un síntoma de problemas más profundos que afectan a toda la sociedad”, señalaron desde el Observatorio Social de la Universidad del Alba, dependiente de la Facultad de Ciencias Sociales dirigida por el decano Cristian Monckeberg.
Datos clave del estudio:
- 8 de cada 10 personas creen que la violencia escolar es frecuente en Chile.
- Una mayoría percibe que los colegios han dejado de ser espacios seguros.
- Existe una creciente sensación de falta de herramientas para abordar conflictos dentro de las comunidades educativas.
Mira el detalle del estudio aquí: https://www.udalba.cl/encuesta-sobre-violencia-escolar/







