Ha sido difícil mantener la memoria de Pedro León Gallo. Fue amado, seguido por las multitudes; muchos dieron la vida en los campos de batalla por su causa. En los últimos lustros se han hecho algunas publicaciones, como las de Jorge Ibáñez Vergara, Sergio Villalobos, Adolfo Zaldívar y otros opúsculos. Pero, han sido del ámbito minero y social. No han tocado su vida, y menos su obra literaria. A los recreacionistas, les ha servido de festín, aunque algo ha ayudado a la difusión.
Mejor ha sido la situación en lo épico. Aunque sabemos, por ejemplo, que se ha hecho mito con los uniformes, alejándose de los registros históricos relacionados con la labor de los mineros y de los artesanos. Las tropas civiles eran desarrapados; entusiastas por cambiar el mundo. Los oficiales sí eran iluminados, cultos y valientes (Ver: Epistolario de Rafael Gatica Soiza 1812—1876, publicado por el Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, 2019).
Algunos textos referenciales: Historia de la Revolución Constituyente (1858—1859) de Pedro Pablo Figueroa, Revolución Constituyente (obra colectiva de SPPMG, 2010), Batalla de Los Loros (2019), Batalla de Cerro Grande (2024) y otros pocos. Se han aclarado muchos hechos de carácter leyendescos: la existencia de los quintales con los haberes (monedas de plata) del ejército revolucionario, presumiblemente sepultados cerca de Huanta en el valle de Elqui. O las balas de plata. O las cenizas en vez de pólvora en los cañones de Anselmo Carabantes.
Sin embargo, ha quedado afuera el análisis más importante: el trasfondo ideológico de Pedro León Gallo, que viene de la influencia francesa, principalmente de los acontecimientos de 1840-1841 y de la Comuna de París. Y de la reflexión del colectivo insurreccional del siglo XIX, que devenía de un mal gobierno nacional y de la iniquidad colonial del “habilitamiento” minero.
Su propuesta ideológica madura después de la batalla de Cerro Grande. Su templanza se construye en el exilio y en su formación literaria hasta la fundación del Partido Radical, que llevaría a muchos de sus filas al parlamento y a la presidencia de la república.
Es en el parlamento en dónde Pedro León Gallo profundiza su visión política. Combina muy bien su preocupación nacional y su devoción por lo local, alejándose o aclarando, que no era un típico regionalista al estilo español, que conoció muy bien en su exilio en ese país. Su influencia viene de la constitución de Filadelfia, de la gesta de los Carrera, de Infante y Cienfuegos y de la diáspora decimonónica argentina, en Copiapó, encabezada por los líderes opositores de Rosas: Felipe Verela, Sarmiento, Tejedor, etcétera.
La publicación de Pedro León Gallo, Homenaje póstumo a su memoria de Braulio Martínez Loyola marca una diferencia; ya que este texto está en la perspectiva comunalista, en la altura humana y en el talento literario de Pedro León Gallo. Este archivo reunido casi milagrosamente por Braulio Martínez en 1910 —un poco antes de morir y de haber vivido cerca de los caudillos nortinos—, nos transmite hechos y diálogos que no hubieran existido si no fuera por su devoción. Este archivo es sumamente importante para el Norte Infinito. Aclara el trasfondo de la Revolución Constituyente y del camino para estudiar más profundamente a Pedro León y al movimiento libertador desde la Independencia de Chile.
Cuando se termine de reunir los textos literarios de Pedro León Gallo confirmaremos que se merece un lugar en la literatura chilena. No conocemos aún todo lo que escribió, especialmente lo de España. Esto nos permitirá un estudio recopilatorio. Y, seguro, que veremos un nuevo salto en su magnitud: en su aporte artístico. Sonetos así Susurros y A Laura son de profundidad, sensibilidad y maestría constructiva. A lo menos, estos versos son de lo mejor que se ha escrito en el norte.
La vida de Pedro León fue no solo consecuencia del olor telúrico de Atacama, sino de su formación moral y espiritual y de servicio público. Además de su generosidad y de su familia, la cual fue gravitante para atender a las viudas e hijos después de la Revolución Constituyente y de la Guerra del Pacífico. En gran parte, desperdigó su fortuna, entregándola a causas nobles y por amor a Atacama. Vivió y murió rodeado de amigos leales. En este mismo libro, hay demostraciones de suma lealtad y cariño de multitudes, que lo siguieron hasta ofrendar sus vidas.
La propuesta pública de Gallo estaba cargada de fórmulas para su amada tierra y de acciones concretas, hasta el mismo día de su repentina muerte, como la “ley de la plata”, que haría justicia a los mineros. Fue de mucha reflexión: maduraba su propuesta federalista. No hay dudas que era de diálogo excelso de lo que fue la gran tertulia cosmopolita en el fogón atacameño, tal lo cuenta Sarmiento en su libro: Recuerdos de Provincia (1850). Persistió en sus últimos días en el senado de la república en proponer sus ideas constituyentes, así lo haría Gabriela Mistral en el siglo siguiente respecto al ethos de Coquimbo.
Este libro abre, indudablemente el apetito de seguir encontrando la huella prodigiosa e ilustrada de Pedro León Gallo. Es el pivote que recuenta no solo la etapa tremendamente fructífera del norte, sino de su potencialidad, que aún está vigente, como la de construir un mundo propio dentro del mundo de Chile. Porque como dice Galeano: “Cuando está de veras viva, la memoria no contempla la historia, sino que invita a hacerla. Más que en los museos, donde la pobre gente se aburre, la memoria está en el aire que respiramos. Ella, desde el aire, nos respira”.








