Latinoamérica y un péndulo que se estira

Felipe Vergara Maldonado

Analista político

Director de Postgrados FEN UNAB

El péndulo en Latinoamérica ha vuelto a moverse, y esta vez con una fuerza que requiere atención. Chile, Argentina, Perú, Bolivia y Colombia dejaron atrás gobiernos de izquierda, varios de ellos de un sello particularmente radical, para dar paso a administraciones de derecha. Mientras tanto, Ecuador y Paraguay mantienen gobiernos de derecha sin sobresaltos y Uruguay se ha movido en sentido inverso, transitando de la derecha a la izquierda, como recordatorio de que ningún proceso regional es del todo homogéneo. Falta por ver qué ocurrirá en Brasil, donde las elecciones de fin de año definirán si esta tendencia regional se consolida o encuentra un contrapeso relevante.

Lo que distingue este momento de otros ciclos pendulares que Latinoamérica ha vivido antes no es solo el cambio de signo político, sino su intensidad. No es un simple recambio hacia una derecha tradicional, moderada, previsible. Se trata de una derecha nueva, más dura, más radical, que emerge como respuesta a izquierdas que también fueron duras. El péndulo, podría decirse, no solo se movió, sino que se estiró. Colombia, Perú, Ecuador, Argentina y Chile son ejemplos de esa polarización que empuja a los electorados hacia los extremos del espectro en lugar de hacia el centro.

La pregunta que surge de inmediato es qué tan sostenible resulta esta nueva derecha más extrema. La región ya tiene un antecedente que conviene no olvidar. El caso de Jair Bolsonaro en Brasil mostró que estos proyectos no garantizan éxito ni continuidad. Habrá que observar con atención si estas nuevas administraciones logran consolidarse y alternar en el poder dentro de esa misma corriente, o si en cuatro, seis u ocho años el péndulo volverá a oscilar hacia la izquierda, como ha ocurrido tantas veces en la historia política del continente.

Hay un factor externo que no puede omitirse en este análisis y es el papel de Estados Unidos; el presidente Trump ha sido un impulsor explícito de estos gobiernos de derecha en la región, respaldando abiertamente a determinados candidatos. Esto plantea una interrogante que trasciende lo latinoamericano. ¿Qué ocurre si a Trump le va mal en las elecciones de mitad de mandato de noviembre? Un resultado adverso podría debilitar ese respaldo político tan explícito, y con ello, quizás, parte del impulso que ha sostenido a estas nuevas derechas. La incógnita se profundiza al pensar en un eventual sucesor en la Casa Blanca, y si mantendría el mismo nivel de involucramiento con los procesos políticos de la región. Son preguntas legítimas que hoy no tienen respuesta.

Pero quizás el elemento más inquietante de este ciclo no sea ideológico sino matemático; en Ecuador, Colombia, Perú y Bolivia, la derecha ha triunfado por márgenes estrechos, con diferencias mínimas frente a sus contendores opuestos, esto no es un detalle menor: Gobernar con la mitad del país en contra, independientemente de quién ocupe el sillón presidencial, es un desafío de gobernanza que ninguna proclama ideológica resuelve por sí sola. La legitimidad de origen que otorgan las urnas no siempre se traduce en legitimidad de ejercicio, sobre todo cuando la sociedad permanece dividida casi en partes iguales.

Latinoamérica atraviesa así un momento de definiciones que aún no terminan de decantar. El giro hacia la derecha es real y medible, pero su profundidad, su duración y su capacidad de gobernar sociedades fracturadas siguen siendo incógnitas abiertas.

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