¿Podrían las rodillas estar envejeciendo antes de tiempo?

Estudios recientes muestran que ciertos cambios estructurales en las articulaciones pueden comenzar a observarse desde edades relativamente tempranas y no constituyen, por tanto, un fenómeno exclusivo de las personas mayores.

Alteraciones del cartílago y pequeños crecimientos óseos, hallazgos que hasta hace poco se asociaban casi exclusivamente al envejecimiento articular, están presentes en una proporción relevante de adultos de apenas 33 años. Así lo estableció un reciente estudio realizado por un equipo finlandés, publicado en la revista Osteoarthritis and Cartilage, que analizó mediante resonancias magnéticas las rodillas de un grupo de adultos jóvenes. La mayoría de quienes presentaban estos cambios no refería dolor ni molestias.

El kinesiólogo Francisco Guede, doctor en Ciencias del Ejercicio y académico de la Facultad de Ciencias de la Rehabilitación de la Universidad Andrés Bello, analiza estos resultados y explica que la presencia de cambios estructurales en las rodillas de personas jóvenes podría entregar algunas señales respecto de cómo las modificaciones en el estilo de vida de las personas podrían estar afectando la salud articular. El académico precisa que lo revelado por la investigación de los profesionales de la Universidad de Oulu marca un punto de partida de una tarea que requiere continuidad. Detalla que para establecer si estos cambios progresan o se mantienen estables se necesitan estudios longitudinales que sigan a estas personas durante años y aclara que una resonancia aislada retrata un instante y no permite anticipar una historia clínica.

Índice corporal elevado

El factor que sí quedó claramente establecido fue la asociación entre un índice de masa corporal elevado y una mayor presencia de anomalías en la rodilla. «Un IMC más elevado se asoció con una mayor presencia de alteraciones estructurales en la rodilla, incluyendo lesiones del cartílago, osteofitos y lesiones de médula ósea. Desde una perspectiva mecánica, un mayor peso corporal puede implicar mayores demandas sobre la articulación, aunque este estudio no midió directamente la carga mecánica «, detalla el académico UNAB.

La relación, señala, es coherente con evidencia longitudinal reciente que identifica el sobrepeso y la obesidad como factores modificables asociados a un mayor riesgo de artrosis de rodilla a lo largo de la vida. Con todo, el investigador remarca que reducir la artrosis a un simple desgaste por peso sería un error. Se trata de una condición multifactorial, en la que interactúan elementos mecánicos, metabólicos, lesiones previas y otras exposiciones.

«Uno de los factores más claramente asociados con el desarrollo posterior de artrosis de rodilla es haber sufrido una lesión previa, especialmente del ligamento cruzado anterior o los meniscos. En una revisión sistemática reciente, este antecedente se asoció con cerca de 2,7 veces mayores probabilidades de desarrollar artrosis radiográfica», afirma Guede Rojas, quien agrega que también se han identificado riesgos vinculados a trabajos físicamente exigentes y a cargas repetidas sobre la articulación.

Respecto del ejercicio físico, el especialista desestima una asociación que suele darse por sentada. La actividad física recreativa habitual, enfatiza, no mostró una asociación consistente con un mayor riesgo de artrosis, y el sedentarismo, por sí solo, tampoco pudo establecerse como causa directa. Los antecedentes se relacionan principalmente con determinadas actividades de alta exigencia y con algunos deportes, como el fútbol.

Un antecedente novedoso es que actualmente también se está investigando el posible papel de factores ambientales, como la contaminación del aire, algunos metales y ciertos disruptores endocrinos. “Por ejemplo, una revisión de este año relaciona estas exposiciones con procesos inflamatorios y alteraciones del cartílago. Sin embargo, es una línea de investigación emergente y, aún no es posible establecer una relación causal”, anticipa.

El movimiento como aliado

Mantener la articulación en movimiento y realizar ejercicio de forma regular y adecuadamente dosificada es relevante para conservar la salud articular. “El movimiento favorece mecanismos fisiológicos como la producción de lubricina, que contribuye a la lubricación y protección de las superficies articulares, mientras que la contracción muscular inducida por el ejercicio estimula sustancias como la irisina, asociadas con efectos favorables sobre el metabolismo del cartílago», explica Guede.

El ejercicio, añade, no solo cumple un rol preventivo sino también terapéutico. Una revisión paraguas reciente mostró que el ejercicio terapéutico puede reducir el dolor y mejorar la función física en personas que ya conviven con artrosis de rodilla, aunque no existe una modalidad única superior para todos los pacientes. En esa misma línea, el propio equipo de investigación de Guede ha explorado el uso de exergames y realidad virtual no inmersiva como complemento del ejercicio terapéutico en personas con artrosis de rodilla o cadera, con resultados favorables en variables funcionales y en la reducción del dolor.

«La artrosis -resume- es un proceso multifactorial, en el que pueden confluir durante años factores como el exceso de peso, un estado inflamatorio sistémico de bajo grado, antecedentes de lesiones articulares, cargas repetidas o mal dosificadas y una capacidad física insuficiente para responder a esas demandas. También pueden influir cambios bruscos en el nivel de actividad o prácticas deportivas realizadas sin una preparación adecuada», sostiene.

Para el académico es fundamental no transmitir la idea de que hacer ejercicio desgasta la rodilla, ya que el movimiento y el ejercicio bien dosificados son parte de la estrategia para mantener la salud articular. Más que hablar de conductas que gatillan la artrosis, prefiere hablar de exposiciones que, acumuladas en el tiempo, pueden aumentar el riesgo.

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