- Un alarmante informe de Reporteros Sin Fronteras revela que la hostilidad política y el endurecimiento de leyes silencian la labor informativa en más de la mitad del planeta.
El ejercicio del periodismo enfrenta su crisis más profunda en el último cuarto de siglo. Según la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa 2026, presentada por la organización Reporteros Sin Fronteras (RSF), la capacidad de fiscalizar al poder ha retrocedido a niveles no vistos desde el cambio de milenio, asediada por un marco legislativo restrictivo y una retórica oficial cada vez más agresiva.
El informe detalla que el 52,2% de las naciones evaluadas presentan condiciones «difíciles» o «muy difíciles». Este deterioro se vincula directamente con el uso de la «seguridad nacional» como pretexto para limitar la transparencia, una tendencia que se ha vuelto estructural en diversas latitudes. Actualmente, apenas siete países logran mantener una calificación óptima para el desarrollo de la prensa libre.
El complejo escenario en América Latina
La región refleja este declive global con datos preocupantes. Ecuador protagonizó uno de los descensos más drásticos a nivel mundial al perder 31 puestos (lugar 125°), mientras que Perú retrocedió 14 posiciones (puesto 144°) y Argentina cayó 11 lugares, situándose en la casilla 98°.
Según reporta Emol sobre los datos de RSF, este fenómeno es impulsado por líderes que adoptan tácticas de confrontación directa. El documento menciona a mandatarios de la región que emulan la narrativa de hostilidad hacia los comunicadores vista en años anteriores en Estados Unidos, país que también descendió siete puestos. En contraste, Uruguay y Brasil destacaron como la contraparte positiva al ascender 11 posiciones cada uno.
Esta preocupante realidad evidencia que la libertad de prensa no es un adorno institucional, sino el termómetro real de la salud democrática de una nación. Resulta inquietante que, en plena era de la información, el mundo retroceda un cuarto de siglo en garantías básicas; este escenario sugiere que el poder está ganando la batalla por la opacidad frente a la fiscalización. Si permitimos que el cuestionamiento periodístico sea catalogado como un acto de enemistad política, corremos el riesgo de normalizar un silencio que solo beneficia a quienes evitan rendir cuentas, debilitando irremediablemente el derecho de la ciudadanía a decidir basada en hechos y no en propaganda.
Fuentes citadas:
- Reporteros Sin Fronteras (RSF), Deutsche Welle (DW) y Emol (Ranking 2026).








