El efecto de los aranceles en los inventarios: el costo oculto que enfrentan las empresas chilenas

Los cambios en la política comercial internacional están comenzando a generar efectos más allá de los precios. Las dinámicas de alza de aranceles a nivel global no solo impacta el valor de los productos, sino que obliga a las empresas a repensar su estrategia de abastecimiento e inventarios y la configuración y/o rediseño de su network de proveedores, fábricas y centros de distribución.

Para compañías chilenas que exportan o importan en cadenas globales, el impacto no es lineal. Un arancel del 25%, por ejemplo, no solo encarece el producto, sino que también eleva el costo total del inventario al aumentar el capital inmovilizado, aumenta la incertidumbre en los tiempos logísticos y la necesidad de reforzar el stock de seguridad y afecta la volatilidad de la demanda final.

“Más que el alza de precio, el principal efecto es el aumento de la incertidumbre en la cadena de suministro. Cambios en la demanda en Estados Unidos pueden alterar la oferta global, generar cuellos de botella y alargar los tiempos de reposición”, explica Pedro Muzzio, Socio Director de Demafront, expertos en optimización de la cadena de suministro.

Más incertidumbre, más inventario

El principal impacto de este escenario no está en el precio directo, sino en cómo las empresas deben adaptarse a un entorno menos predecible, un entorno VUCA (Volatile, Uncertain, Complex, Ambiguous)..

“A mayor incertidumbre en el lead time, mayor es el stock de seguridad que las empresas deben mantener. Es decir, terminan absorbiendo ese riesgo en forma de más inventario”, señala Muzzio.

Esto implica un aumento en el capital de trabajo y en los costos asociados a mantener ese inventario, lo que tensiona la rentabilidad, especialmente en empresas con cadenas de suministro largas.

Empresas más expuestas

El impacto es transversal, pero existen sectores particularmente vulnerables.

“Tanto las empresas que exportan a Estados Unidos como aquellas que dependen de proveedores cuyo principal mercado es ese país se verán afectadas. En la práctica, gran parte de las compañías que importan desde Asia enfrentarán mayores niveles de incertidumbre”, explica.

En el caso de las empresas que venden a Estados Unidos, el desafío es triple: enfrentar una demanda menos predecible y potencialmente a la baja, por otro lado mayores costos y, al mismo tiempo, una menor competitividad frente a actores locales.

Un cambio en la planificación

En este contexto, la resiliencia, flexibilidad, agilidad y capacidad de respuesta de la cadena de suministro es crítica y la planificación deja de ser un ejercicio estático y pasa a ser un proceso dinámico que no sólo planifica sino que simula y evalúa escenarios posibles.

“Una empresa que vende a Estados Unidos y compite con actores locales puede ver cambios abruptos en su demanda. Por lo tanto, su cadena de suministro debe ser lo suficientemente flexible para adaptarse rápidamente a esos cambios”, señala Muzzio.

Esto implica revisar no solo los niveles de inventario, sino también la capacidad de reacción frente a escenarios cambiantes.

La clave: adaptarse más rápido

Más allá del impacto inmediato, el principal desafío para las empresas es su capacidad de adaptación.

“Hoy, más que nunca, las compañías necesitan ser capaces de re-planificar constantemente y gestionar la incertidumbre. La visibilidad del estatus de las distintas piezas y eslabones de la cadena de suministro y la flexibilidad en la toma de decisiones será clave para mantener una cadena de suministro sana”, concluye Pedro Muzzio, Socio Director de Demafront.

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