Chile puede liderar marcas globales, pero todavía piensa en pequeño

Roberto Konsens
Socio fundador de ENKO SPA, dueño de Ronson para Latinoamérica y representante oficial de Zippo en Chile.

Antes de escribir esta columna, jamás imaginé que terminaríamos administrando desde Santiago una marca con más de 130 años de historia y presencia en buena parte de Latinoamérica.

Cuando comenzamos a representar a Ronson en Chile, en 1998, nuestro desafío era mucho más simple: introducir una marca reconocida en un mercado que todavía no contaba con estándares claros de seguridad para los encendedores. En ese momento no pensábamos en expansión regional ni en convertirnos en propietarios de la marca para Centro y Sudamérica. Solo queríamos hacer bien las cosas.

Con el tiempo entendimos que ese era precisamente el camino. Muchas veces se habla de internacionalización como si dependiera únicamente de abrir oficinas en otros países o aumentar las exportaciones. Mi experiencia ha sido distinta. El verdadero salto ocurre cuando una empresa deja de pensar como distribuidor y comienza a construir valor.

En nuestro caso, apostamos por certificaciones internacionales, procesos consistentes y una relación de largo plazo con clientes y distribuidores. Esa decisión nos permitió, años más tarde, adquirir los derechos de Ronson para gran parte de Latinoamérica y administrar desde Chile la estrategia comercial de la marca en 14 países.

Ese recorrido me dejó una convicción: Chile tiene mucho más potencial del que a veces creemos. Durante años hemos demostrado que podemos exportar productos, servicios y conocimiento. Sin embargo, todavía existe la idea de que las grandes decisiones estratégicas deben tomarse en Estados Unidos, Europa o Asia. La realidad demuestra que también pueden coordinarse desde Santiago.

Hoy gestionamos mercados tan distintos como Colombia, Perú, Argentina, Ecuador o Panamá desde Chile. Cada uno tiene dinámicas comerciales diferentes, regulaciones propias y consumidores con preferencias particulares. Eso exige cercanía, rapidez para tomar decisiones y equipos que conozcan cada realidad local.

Precisamente ahí aparece una de las mayores fortalezas de las empresas chilenas: la capacidad de adaptarse.

No competimos por tamaño. Competimos por agilidad. En un entorno donde los cambios son cada vez más rápidos, esa capacidad puede transformarse en una ventaja competitiva enorme para liderar operaciones regionales. También aprendimos otra lección importante.Las marcas globales no sobreviven más de un siglo solo por su historia. Lo hacen porque evolucionan sin perder aquello que las hizo relevantes desde el principio.En Ronson, esa esencia ha sido la seguridad y la calidad. Durante décadas la marca ha incorporado nuevas tecnologías y ampliado su portafolio, pero nunca ha renunciado a los estándares que construyeron su reputación. En mercados donde abundan productos genéricos, mantener esa consistencia termina siendo un activo tan importante como la innovación.

Mirando hacia adelante, creo que Chile tiene una oportunidad que todavía no aprovechamos completamente. Tenemos talento, instituciones sólidas, conectividad y experiencia para administrar operaciones regionales de muchas más marcas internacionales. Pero para lograrlo debemos dejar de pensar únicamente en representar productos y comenzar a construir plataformas de crecimiento desde el país.

La internacionalización ya no consiste solamente en vender hacia afuera. También implica liderar, coordinar y tomar decisiones estratégicas para distintos mercados desde Chile. Cuando eso ocurre, el país deja de ser un destino comercial y comienza a convertirse en un verdadero hub regional.

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