El organismo presidido por Gianni Infantino proyecta la creación de una filial comercial para atraer inversionistas privados, decisión que generó una dura reacción desde el fútbol europeo por el impacto en la gobernanza del deporte.
El fútbol internacional se encuentra a las puertas de una transformación estructural sin precedentes. La FIFA contempla la posibilidad de abrir la propiedad comercial de sus principales torneos a capitales privados. La propuesta, revelada por el periódico británico The Times, plantea la creación de la entidad FIFA Forward Enterprise (FFE) para concentrar la explotación de derechos de televisión, patrocinios, boletería y licencias del Mundial masculino, femenino y el Mundial de Clubes.
De acuerdo con reportes replicados por el portal Emol, el plan busca atraer socios minoritarios sin poder de decisión para recaudar cerca de 4.200 millones de dólares. Entre los interesados en liderar este grupo de inversores destacan el banco J.P. Morgan y el fondo Thrive Eternal, vinculado a la familia Kushner en Estados Unidos. De concretarse la medida, la matriz del fútbol repartiría participaciones entre sus 211 federaciones miembro, dándoles la libertad de conservar o vender sus acciones.
La respuesta de la UEFA no se hizo esperar y el ente rector del fútbol europeo fijó una postura categórica en defensa del modelo tradicional. A través de un comunicado oficial, advirtió que la idea traspasa límites éticos inaceptables para el deporte. «El alma y la gobernanza del fútbol no son activos con los que comerciar», enfatizó, alertando a ligas, clubes y aficionados sobre la falta de transparencia respecto a los beneficiarios económicos finales.
La preocupación del bloque europeo abarca también las implicancias deportivas a largo plazo. La prensa especializada sugiere que la presión de los nuevos accionistas podría derivar en un mayor aumento de equipos participantes y en una eventual alteración del calendario global, acortando el histórico ciclo de cuatro años entre cada cita planetaria para maximizar el retorno financiero.
Frente a los cuestionamientos, la FIFA salió al paso para precisar el alcance del proyecto. Desde la sede en Zúrich aseguraron que la institución mantendrá el control exclusivo de la nueva sociedad FFE mediante una representación mayoritaria en su consejo de administración. Asimismo, recalcaron que la autoridad sobre reglamentos, gobernanza, calendarios y decisiones deportivas seguirá siendo facultad indivisible del ente rector mundial.
En su argumentación, la institución defendió que este capital permitirá inyectar recursos inéditos a los programas de desarrollo global, beneficiando a las federaciones más vulnerables. Como asociación sin fines de lucro, la FIFA destina la mayor parte de sus ingresos a la promoción de la actividad y a su funcionamiento operativo, esquema que —según la versión oficial— se potenciará con estos nuevos socios estratégicos.
Por ahora, la propuesta se encuentra en fase de exploración y requiere la aprobación formal del Consejo de la FIFA. Sin embargo, la sola posibilidad de comercializar la gestión del torneo más importante del planeta ya abrió una profunda grieta entre la visión expansionista de Infantino y la resistencia europea, anticipando un intenso debate político en el fútbol internacional.








