Fundación ALMA invita a celebrar este 18 de septiembre compartiendo historias, palabras y lecturas que permitan a niños y niñas descubrir Chile mientras fortalecen sus vínculos familiares.
Santiago 15 de septiembre del 2026.- Hay Dieciochos que comienzan cuando se enciende la parrilla. Otros, cuando alguien desenreda el hilo de un volantín, desempolva el trompo o intenta recordar cómo seguía esa ronda que cantaba en el colegio. También están los que parten con una pregunta infantil capaz de dejar a toda la mesa pensando: ¿por qué decimos “no hay primera sin segunda”?
Porque la chilenidad también vive ahí. En las palabras que repetimos, los juegos que enseñamos, las historias que alguna vez nos contaron y esos paisajes que aprendimos a reconocer antes de conocerlos en persona.
Nada de eso se transmite por arte de magia. Para que una tradición siga viva, alguien debe compartirla con otro.
Este 18 de septiembre, Fundación ALMA invita a las familias a sumar los libros a la celebración y convertir la lectura compartida en una forma de acercar a niños y niñas a nuestra cultura. No hace falta suspender la cueca ni quitarle espacio a la empanada. Basta con encontrar un momento, abrir una historia y descubrir juntos el Chile que aparece entre sus páginas.
“La lectura compartida permite que niños y adultos se encuentren alrededor de una historia. En ese momento se conversa, se escucha, aparecen recuerdos y también nuevas preguntas. Así se fortalece el vínculo y se transmite una cultura que los niños pueden conocer, interpretar y hacer propia”, señala Carmen de la Maza, directora ejecutiva de Fundación ALMA.
La fundación trabaja para fortalecer los vínculos entre niños, niñas y sus adultos significativos a través de experiencias cotidianas como la lectura compartida y el juego. Son momentos sencillos, pero importantes: mientras un adulto lee, escucha o responde una pregunta, también entrega seguridad, atención y un espacio para imaginar juntos.
Páginas para reencontrarse con Chile
La selección propuesta por Fundación ALMA reúne tradición oral, naturaleza, poesía, leyendas y expresiones populares:
La tortilla corredora, de Laura Herrera y Scarlet Narciso, publicado por Ekaré Sur, recoge un relato tradicional del sur de Chile. Con humor, repeticiones y una protagonista decidida a no terminar en ningún plato, es una historia que invita a niños y adultos a participar de la lectura.
Pétalo a pétalo, de Paulina Jara y Paulina Lombardo, publicado por Mis Raíces, propone un viaje por la naturaleza chilena y los pequeños seres que habitan sus distintos ecosistemas. Una invitación a observar el territorio con curiosidad y atención.
Añañuca, de Roberto del Río, publicado por Amanuta, recupera una conocida leyenda chilena y permite conversar sobre aquellas historias que explican nuestros paisajes y forman parte del patrimonio cultural.
Domitila, encantadora de las aguas, de Macarena Roca y Pamela Martínez, publicado por Recrea Libros, está inspirado en la tradición del pueblo mapuche williche y en la figura de Domitila Cuyul. Su relato acerca a niños y niñas a la diversidad cultural del país y a otras maneras de relacionarse con la naturaleza.
No des puntada sin hilo, de Manuel Peña Muñoz y Maureen Chadwick, publicado por Amanuta, reúne refranes populares chilenos. Es una buena oportunidad para jugar con sus significados, recordar quién los decía en la familia y comprobar que nuestro lenguaje también guarda memoria.
La ronda, de Gabriela Mistral e Isabel Hojas, publicado por Amanuta, recorre el mar, la cordillera, el bosque y las piedras mediante la poesía y el juego. Una manera cercana de presentar a Gabriela Mistral a los primeros lectores.
Caperucita Roja, de Gabriela Mistral y Paloma Valdivia, también publicado por Amanuta, recupera la versión en verso que la poeta chilena escribió del cuento clásico y la acerca a nuevas generaciones mediante un álbum ilustrado.
Leer juntos estas fiestas no requiere organizar una ceremonia ni pedir silencio absoluto en medio de la celebración. Puede ocurrir sobre una manta, después de almuerzo o mientras afuera todavía quedan volantines en el cielo. Lo importante es que exista un adulto dispuesto a detenerse, compartir una historia y escuchar lo que esa lectura despierta.
Porque Chile no solo se conoce mirando un mapa. También se descubre en una leyenda, en una palabra antigua, en una ronda y en la voz de alguien querido que se sienta a leer con nosotros. Las tradiciones no solo se conservan: se cuentan, se leen, se juegan y se comparten. Y cuando pasan de una generación a otra, crean vínculos que no se rompen.
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