LA MARCHA DE LAS CACEROLAS Y LA PERDIDA DE LA REPRESENTATIVIDAD

 Por Rene A. Funes Montaner

Ciudadano independiente

 

 

Por las calles y plaza de nuestra ciudad, copiapinos de diferentes edades y grupos socioeconómicos, han marchado pacíficamente, al son de los golpes de cucharas sobre las ollas, que caracterizan los “cacerolazos” una forma de manifestación de nuestra población, y que es parte del estallido social que vive nuestro país; en que nuestra civilidad cansada de los abusos y la profunda desconexión de la clase política, y en particular de este gobierno con la ciudadanía , hoy lucha por sus reivindicaciones sociales, exigiendo un país más igualitario, más justo y solidario para todos y con todos.

La clase política sufre hoy una profunda crisis de representatividad, la causa del quiebre del principio representativo, en que se funda la democracia moderna, no sería otro, que el desaparecimiento del vínculo, siempre muy débil, que debe unir a los parlamentarios con los ciudadanos, este vínculo imperceptible e inconsciente, es un elemento de identificación que logra que los ciudadanos vean a los elegidos como sus verdaderos representantes, hoy este vínculo de identificación se rompió, y sin identificación no hay representación.

Ver políticos involucrados en casos de corrupción, financiamiento irregular de sus campañas por empresarios, la inoperancia y mal manejo de la crisis por parte de todos los sectores políticos, y los efectos de un orden económico y político, que ha abusado brutalmente de nuestra población durante 45 años, ante la indiferencia e insensibilidad, de quienes tienen la potestad de legislar para el bien común de la ciudadanía, y no. para quienes ostentan el poder económico en nuestro país, ayudándolos a legalizar sus abusos, son hechos concretos, que han terminado por desvirtuar el concepto de representación, y llevado a que la inmensa mayoría de los chilenos, desconfiemos de los parlamentarios y partidos políticos tradicionales, y hoy en día haya un rechazo y una nula identificación con ellos, un eslogan muy repetido en las marchas por los participantes, y comunidad en general referido a los políticos es el: «No nos representan».

Nadie puede negar que nuestra sociedad, sufre una crisis político-moral y económica, y que esto ha dañado profundamente el alma de nuestro país, hoy es urgente crear puentes y establecer un diálogo social y político, para abrir el debate –de cara y no de espalda a los movimientos sociales-, para cuestionar al modelo, buscar y negociar alternativas de solución, se juega en buena medida la superación o agudización de la crisis de representación que hoy vive nuestra democracia. La clase política debe escuchar, acoger y resolver en forma responsable, oportuna y efectiva las necesidades de los chilenos y chilenas, necesitamos establecer un nuevo pacto social entre gobernantes y gobernados, una nueva constitución que responda a los cambios y desafíos sociales, culturales, económicos, medioambientales y tecnológicos que existen en el siglo XXI, con la finalidad de mejorar la calidad de vida de todos los chilenos, una sociedad basada en leyes justas, en una política económica que vele por el bien de sus ciudadanos y no los privilegios de unos pocos.

 

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