Emprendedora de San Antonio, cuenta los secretos para salir adelante con un negocio

“Hay que ser porfiada, luchadora, constante y perseverante”, indicó.

En medio de la pandemia del covid 19, muchas son las mujeres que se lamentan por no tener un trabajo dependiente y, en buen chileno, se echan a morir, pensando que el mundo se acabó para ellas. Sin embargo, Mariela Adaros Venegas, vecina del sector San Antonio (ubicado a unos 80 kilómetros al interior de Tierra Amarilla), tiene claro que “lo único imposible es lo que no se intenta” y, como dice el refrán… “al mal tiempo, buena cara” y a echarle para adelante, más aun siendo jefa de hogar.

Hace diez años, entendió que si no se ayudaba a sí misma, nadie lo haría por ella, y con mucho sacrificio empezó a vender pan amasado a los trabajadores de las empresas agrícolas del sector, tarea que compatibilizaba con la crianza y el cuidado de sus hijos, el menor de tan solo tres meses de edad.

Afortunadamente, para sus pretensiones, el negocio se ha ido fortaleciendo con el tiempo y ya no compra la harina por kilos en el negocio del poblado, sino que por sacos que se la va a entregar en su misma casa el camión distribuidor. De hecho, hace poco ganó un proyecto concursable de Minera Caserones que le permitió abastecerse de varios quintales de harina e insumos para la fabricación de pan.

“Vendo pan amasado, tortillas con chicharrones y los días sábados hago empanadas. Sin embargo, igual me ha costado mucho, porque vivo lejos de la civilización, a medida que voy creciendo voy haciendo mis pedidos más grande de harina. Comenzó vendiendo en el fundo Atacama, igual me costó parar un poco al principio, porque debía combinar mi tarea de madre y jefa de hogar; hoy mi hijo mayor tiene 20 años y le di estudios lo más que pude”.

Sin mediar preguntas, prosigue con su relato: “Empecé haciendo pan en un horno rústico, los guardaba y tomaba el bus para llegar al fundo. La primera vez llevé 50 panes y un pote con pebre, para entusiasmar a la gente a que me comprara. Para los días de pago llevaba empanadas, bebidas, sándwich de pernil, después agregué las tortillas que al comienzo pedía 300 pesos por cada una, hoy las vendo en mil 500 pesos”, dice sonriendo.

Mariela precisa que su trabajo ambulante concluyó cuando se instaló la minera Caserones. “A partir de ahí me quedé acá no más, porque la gran mayoría de los operarios me compraban mis productos, todo esto sin perder a mis clientes temporeros que seguían siendo fieles, pero a ellos ahora les vendo almuerzos los días de pago”. En este sentido, lamenta no poder ampliar su emprendimiento de alimentación, porque ha tenido dificultades para obtener la resolución sanitaria, debido a que no cuenta con alcantarillado, obviamente, una exigencia inusitada para un sector ubicado “donde el diablo perdió el poncho”, como podríamos graficarlo con un dicho chileno, ahora que estamos en el Mes de la Patria.

“He luchado harto, pero no ha pasado nada; me han discriminado por no tener alcantarillado y ese ha sido mi gran problema. He ido a la Municipalidad, he mandado cartas al municipio y a la intendencia, pero se tiran la pelota unos a otros y, al final, no me han dado ninguna solución o alternativa. Ya no sé dónde más ir o a quién recurrir. Por eso, uno no puede crecer más, porque si tuviera esa resolución también podría vender otras cosas y tendría mucha más clientela, tendría muchas más cosas, porque también podría postular a proyectos de Sercotec”, dice plena de convicción, pero no exenta de dolor e impotencia frente a lo que ella llama “discriminación”.

Por eso hizo un llamado al gobierno, a través del intendente de Atacama, señalando que “al vender más productos y al diversificar mi negocio, podría darle trabajo a otras personas, también tendría un mejor lugar donde atender”.

Al pedírsele un mensaje de encomio y optimismo para las personas que se sienten deprimidas en medio de la pandemia y no pueden salir adelante con sus emprendimientos, expresó: “Hay que ser porfiada, luchar día a día y lo principal es que se debe ser constante y perseverante, no decaer por los obstáculos. Importante fue difundir mi proyecto, primero de boca en boca, y luego por internet, la gente se fue pasando el dato, pero no hay que quedarse echado, hay que seguir adelante. Si uno hace pan el lunes, no puede dejar de hacerlo el martes, aunque le haya ido mal el primer día. Por eso digo que lo principal son la constancia y la perseverancia”.

Mariela no se conforma con lo que ha logrado hasta el momento. Su gran sueño es tener una panadería con toda la maquinaria moderna para entregar su producto en todos los fundos del valle interior, “porque no hay mejor  alimento que un buen pan amasado, que llena más que un pan de panadería”… pero, todo pasa por contar con una autorización sanitaria. “falta criterio”, dijo finalmente.

ESTE PROYECTO ES FINANCIADO POR EL FONDO DE FOMENTO DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL DEL GOBIERNO DE CHILE Y EL CONSEJO REGIONAL.

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