HISTORIAS EN TIEMPO DEL COVID 19: A pesar que concretó el sueño de su vida, la pandemia frustró su continuidad

Emprendedora vecina del sector Hornitos cuenta sus penas y alegrías como esforzada propietaria de un recién abierto restaurante.

“Al mal tiempo, buena cara”. Esa es la premisa de lucha que manifiesta doña Rosa Toro Rojo, 53 años, vecina de la localidad de Hornitos, en la comuna de Tierra Amarilla. Ella soñaba con un próspero año 2020 al hacer realidad la concreción de un pequeño anhelo de niña: tener su propio restaurante, porque le encanta cocinar.

Este sueño lo hizo realidad en febrero del presente año, tras abrir las puertas del Restaurante “La Picada del Torito”, donde ofrecía comida al paso a los visitantes y, además, daba servicio de alimentación a los trabajadores de dos empresas agrícolas, pero desde marzo, apenas un mes después de instalada, con la llegada de la pandemia del corona virus, todos los sueños se derrumbaron y las ilusiones se esfumaron; peor aún, con la cuarentana decretada, no tiene opción alguna de abrir por ahora su emprendimiento comercial.

Con el sonido que emana del rio como telón de fondo, y a la sombra de un viejo algarrobo, doña Rosa se explaya con orgullo de su pueblo, que lo define como hermoso y acogedor y, sin embargo, es poco conocido por los propios atacameños. “Lleva este nombre por el calor que hace acá, porque independiente que sea invierno o verano, siempre tenemos el mismo calor, o sea, somos un verdadero hornito y la gente que nos visita se da cuenta de inmediato”, comenta.

Agrega que llegó a esta localidad en 1980, cuando era una niña de tan solo trece años. “Al principio, me quería puro ir, pero con el tiempo me acostumbré y hoy no me voy ni por toda la plata del mundo”. Así de tajante y decidida es a la hora de valorar la tierra que la acogió. “Yo me quedé acá por la tranquilidad del lugar, también porque todos nos conocemos y tratamos de ayudarnos mutuamente; además,  los vecinos son buenas personas, respetuosas y tranquilas, por el hecho que gran parte son de la tercera edad”.

Doña Rosa no oculta la desazón que la ha producido la pandemia, porque se reconoce una mujer de trabajo y de esfuerzo, pero “ahora no me cae ni uno”, precisa, y ha tenido que rebuscársela haciendo empanadas para aportar al hogar, ya que su esposo solo gana el sueldo mínimo. También agrega que no ha recibido ayuda del municipio tierramarillano ni del gobierno, salvo una pequeña caja de alimentos hace tres meses. Por eso sus esperanzas estaban puestas en recibir alguno de los bonos estatales y, a pesar que realizó los trámites, no calificó para ninguno de estos aportes.

Doña Rosa reconoce que, por tradición familiar, le gusta trabajar en comercio. De hecho, primero instaló un pequeño almacén de abarrotes en Hornitos y, más adelante, cuando logró reunir un pequeño capital, levantó su restaurante, siempre con recursos propios, hábito que también le ha ayudado a aguantar la crisis económica que ha dejado la pandemia, porque “gracias a Dios, no le debo un peso a nadie”.

En su relato, no puede dejar de agradecer a la empresa minera Caserones que sí le ha ayudado, ganándose algunos proyectos, como el último que le permitirá encielar su pequeño restaurante, donde el menú habitual preferido por su clientela en el poco tiempo que alcanzó a tenerlo abierto eran las cazuelas de vacuno.

“hay que tener paciencia, esto va a terminar y así como empezamos de cero, habrá que volver a pararse de nuevo. Esa fue la enseñanza que me dejó mi padre, sobre todo si hay salud que es lo principal para salir adelante”, comentó a modo de mensaje final para los lectores de Tierramarillano.

ESTE PROYECTO ES FINANCIADO POR EL FONDO DE FOMENTO DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL DEL GOBIERNO DE CHILE Y EL CONSEJO REGIONAL.

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