Día del Patrimonio Histórico Nacional:   ¿Para celebrar o lamentar?

Por Sergio Zarricueta Astorga

A lo largo de nuestro país se celebró el Día del Patrimonio Histórico Nacional, una iniciativa implantada por el ex Presidente Ricardo Lagos, con el propósito que los chilenos (as) pudieran tener la oportunidad, al menos una vez al año, de visitar y conocer en forma gratuita los museos y edificios históricos de nuestro país.

Como dato anecdótico, les puedo contar que en Atacama existen declarados 22 Monumentos Históricos Nacionales, lista que encabeza Copiapó con 9; le sigue Tierra Amarilla con 6, luego está Chañaral con 3, Freirina también con 3 y Caldera con uno.

Personalmente, creo que más que celebrar esta fecha, es para llorarla, porque basta ver el estado en que se encuentra la mayoría de los monumentos declarados patrimonio histórico por parte del Consejo de Monumentos Nacionales, un organismo que -a mi juicio- es como el “perro del hortelano”, que no come ni deja comer.

Digo esto porque este organismo es poco y nada lo que aporta en su esencia para la preservación patrimonial, sobre todo en las regiones del norte, no siendo así su preocupación por los edificios de Santiago y el sur de Chile, especialmente, los de Chiloé, pero en cuanto al norte…. NADA.

Me molesta mucho la tarea de este organismo, evidentemente centralista, ya que no basta con declarar a ciertos edificios patrimoniales como “Monumentos Nacionales” para después dejarlos abandonados, sino que también debe perseverar en el cuidado, protección y mantención de ellos, algo que al menos en Atacama no hemos visto nunca jamás.

En nuestra región tenemos ejemplos de sobra en cuanto al estado calamitoso y de destrucción en que se encuentran muchos antiguos edificios, respecto a los cuales este Consejo de Monumentos Nacionales no ha puesto un solo peso para la protección de estas vetustas reliquias que, con el paso del tiempo, se están deteriorando cada día más. Y lo complicado del caso, es que este famoso Consejo tampoco permite que los municipios u organizaciones privadas pongan siquiera un clavo o una manito de pintura en edificios, esculturas u otras piezas patrimoniales que están por caerse o siendo víctima de la corrosión.

Al respecto, tenemos el caso de la Estación de Ferrocarriles de Copiapo, un hermoso edificio que se lo está llevando el inexorable paso del tiempo. A esto súmele, la primera locomotora que corrió en Sudamérica y que esta a la intemperie en el patio de la Casa Central de la Universidad de Atacama.

En Tierra Amarilla, acontece algo parecido con la casa de Jotabeche que, prácticamente, está destruida en su mayor parte; sin embargo, los señores del Consejo de Monumentos Nacionales, jamás se han dignado venir a conocer su estado de conservación, al igual como acontece con la iglesia de Nantoco, la fundición incaica “Viña del Cerro” y la casa patrimonial que perteneció a don Apolinario Soto, el propietario de la rica mina de plata de Tres Puntas.

¿Dónde estuvieron los señores que representan a este organismo cuando el propio Estado de Chile determinó hacer desaparecer el histórico campamento minero de Potrerillos? En fin, respecto a este organismo, podríamos seguir sacándolo a la pizarra y dejando al descubierto su ineficacia e ineptitud frente a la realidad que demanda la conservación de nuestro patrimonio histórico cultural en Atacama.

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