Mejor lenguaje para una mejor convivencia

Viviana Rivera Barrientos
Fonoaudióloga y académica de la Facultad de Educación UCEN

La vuelta a clases después de dos años de pandemia desnudó muchas falencias en los aprendizajes y en la convivencia en las escuelas. La violencia, la que vivimos día a día en la cotidianeidad de la jornada escolar, se ha hecho mucho más compleja y generalizada, así lo demuestran las últimas cifras entregadas por Carabineros y las más de doscientas denuncias de violencia escolar registradas desde marzo a la fecha, un fenómeno que nos preocupa y que va en alza.

Enfrentamos serios problemas de convivencia, de acoso sexual, violencia e incluso un aumento en el uso de armas de fuego, lo que está generando caos y dolor en muchas familias. Me tocó vivir varios de esos eventos y compartir el drama que ocasionan estos incidentes dentro de la comunidad escolar, conmocionada por las agresiones sexuales o el intercambio de disparos entre estudiantes.

En medio de este panorama, es normal que concentremos los esfuerzos en solucionar lo más inmediato y evidente, pero tampoco podemos desatender al lenguaje, cuyo uso es imprescindible para la socialización y el crecimiento integral de los estudiantes. Postergar el desarrollo de las potencialidades cognitivas implica necesariamente que el estudiante se quede atrás en relación con sus pares que sí pudieron hacerlo; generando frustración y violencia, un círculo vicioso que hay que romper.

Por ejemplo, al principio de la escolarización hay una serie de habilidades que es necesario desarrollar antes del aprendizaje de la lecto-escritura. Para ello, el trabajo colaborativo entre la escuela y la familia se vuelve imprescindible, generando lo que los especialistas denominamos “conciencia fonológica”. Sin el desarrollo de estas habilidades, aprender a leer y escribir adecuadamente se torna muy difícil y, en algunos casos, lo impide definitivamente. 

La participación y socialización familiar es fundamental para el desarrollo de dicha conciencia fonológica. Hablar, leer e interactuar con nuestros hijos e hijas, mostrar que son fundamentales en nuestras vidas, evitar correcciones autoritarias (repitiendo de forma correcta la expresión o palabra mal utilizada), contribuyen enormemente a su desarrollo socio emocional. 

Paralelamente, es fundamental trabajar en las confianzas interpersonales. La falta de autoestima y confianza en los niños, mina seriamente las posibilidades de desarrollar su conciencia fonológica. El lenguaje genera realidad, por lo que es fundamental fortalecer la autoestima, ya sea felicitando, celebrando o simplemente acompañando y dejar atrás la reprimenda, la censura y las malas caras de algunos profesores anticuados.

La conciencia fonológica no es única o estática y tiene muchas etapas. El juego y la conversación o la lectura de textos adecuados según la edad, es aún más importante que el aprendizaje meramente académico. Debemos persuadir a algunos apoderados y profesores de lo nocivo que es la trasmisión de contenidos poco significativos, de terminar a como dé lugar con el programa, o de insistir en cumplir con una malla que el estudiante no entiende ni asimila. Mejor que todo eso es jugar, leer, interactuar y aprovechar las experiencias cotidianas. Por supuesto que los contenidos académicos son importantes, pero no son el único objetivo de la escuela: la socialización, la convivencia, la formación integral y la conciencia fonológica son igual de importantes.

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