Atención estatal integral y multisistémica para evitar el ingreso al delito

Por Carolina Cortés Henríquez

La vulnerabilidad social no es en sí un determinante de trayectorias delictivas, sin embargo, la suma de ciertas circunstancias asociadas precisamente a esta variable, generan las condiciones adecuadas para que este problema social se acentúe. La pobreza, el abandono, falta de inclusión social, las vulneraciones de derechos, los entornos con niveles de carencia fuerte, donde el narco aprovecha para entrar, las familias que realizan prácticas relacionadas al delito, que están o han estado presos (validando por tanto esa conducta), son aspectos que inciden enormemente. Considerando que la conducta delictiva es producto de circunstancias vitales, la invitación en la actualidad es a observar y actuar frente al fenómeno de la conducta delictual juvenil desde una mirada comprensiva, considerando que las personas pueden modificar su comportamiento en el transcurso de la vida, dependiendo precisamente de aspectos que se hayan presentado en el curso de ésta y de las ofertas, espacios y contención que se les entregue en su cotidiano presente.

Una de las circunstancias que se deben evitar a toda costa es, por ejemplo, la deserción escolar, la falta de un espacio de regulación emocional y la no inserción en un cuerpo normativo. Esto limita, en gran medida, los aprendizajes y la posibilidad de tener espacios de protección y contención, una red que sostiene a muchos quienes no encuentran en su hogar y/o entorno esos elementos protectores que son precisamente los que reducen a su mínima expresión la explosión de los factores de riesgo ya mencionados.

Si bien el escenario es complejo, debido a las consecuencias de la pandemia (recién manifestándose en lugares como colegios, liceos y escuelas), no podemos si no unirnos, en una tarea común, todos los agentes del Estado para generar acciones pensadas, analizadas y así concretar, en base a aquello que hemos diagnosticado mediante modelos y técnicas de intervención ya probadas, sin ir más allá, la terapia multisistémica que ha tenido importantes y positivos resultados en nuestros adolescentes y jóvenes.

El cambio de paradigma, de un Estado ausente que no aporta a la inclusión social, a uno que, con capacidad de trabajo, compromiso y recursos asociados, con voluntad política real, pueden marcar una gran diferencia en la actualidad el futuro de nuestras niñas, niños, niñes y adolescentes. Se lo debemos.

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