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Destrucción de Chile

Señor Director:

Resulta paradójica la situación que se ha promovido con el “Apruebo” y el “Rechazo”: Ambas son aristas del mismo sistema. Ambas alternativas son efluvios de la revuelta marxista del 18 de Octubre –las consignas del “Estallido Social”, de las “demandas de la gente”, los “derechos” y la “democracia”– y del así denominado “Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución”.

Se trata de las grandilocuentes necedades que “Chile despertó”. Ello, a pesar que el país ha sido invadido por millones de ‘migrantes’ y que el futuro de esta tierra no le pertenece a los chilenos sino a ellos, los “nuevos chilenos” –que en una futura nueva Constitución buscarán cambiar el nombre del país por “Nueva Perú”, “Nueva Haití” o “Nueva Venezuela”–.

El proceso de disolución fue sistemáticamente implementado a través de los dictámenes de la Escuela de Frankfurt: El “progreso”, los “derechos” y las “libertades”, la “ideología de género” y la dialéctica feminista-machista, el “lenguaje inclusivo”, el denominado “multiculturalismo” y el recambio poblacional.

Todo este conjunto promovido por el marxismo cultural se opone, sencillamente, a los valores y al espíritu de quienes construyeron nuestra nación.

Se acabó Chile.

 

Por Rafael Videla Eißmann

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