Solidaridad organizada

Eduardo Quinteros Rodríguez

Director Desarrollo Estudiantil

Universidad Andrés Bello Concepción

Tras semanas del mega incendio que afectó al Biobío y con más de 10 días en terreno con nuestro equipo de la UNAB y nuestros voluntarios, nos llena de orgullo haber podido llegar en persona a los integrantes afectados de nuestra comunidad en distintas acciones y visitas donde además nos acompañaron las autoridades centrales y locales en terreno lideradas por nuestro Rector.

Hoy, ya más tranquilos, pero aún con grandes desafíos por delante nos permitimos reflexionar al respecto que, en momentos de emergencia, cuando el fuego avanza más rápido que las certezas y las comunidades quedan expuestas a la fragilidad de lo cotidiano, emerge con fuerza una dimensión esencial del tejido social universitario: la solidaridad organizada. Estos incendios pusieron a prueba la capacidad de respuesta de las instituciones y evidenciaron el rol clave que pueden cumplir los jóvenes cuando su compromiso social se transforma en acciones concretas.

El voluntariado Universitario, especialmente aquel articulado desde espacios formativos va mucho más allá de una ayuda espontánea. En contextos complejos, actuar de manera responsable, coordinada y eficiente es tan importante como la voluntad de ayudar. En este sentido, la participación de estudiantes universitarios como los nuestros demuestra que la formación profesional no se limita al aula, sino que se enriquece profundamente cuando se pone al servicio de las comunidades.

Para los jóvenes en formación universitaria, involucrarse en acciones de emergencia y en el trabajo posterior a ellas constituye una experiencia transformadora. El voluntariado les entrega herramientas prácticas difíciles de adquirir en otros contextos, como el trabajo en equipo bajo presión, liderazgo colaborativo, empatía social, toma de decisiones responsables y una comprensión directa de la realidad territorial. Estas habilidades los diferencian como futuros profesionales y fortalecen su rol como futuros agentes de cambio para enfrentar y trabajar en situaciones de vulnerabilidad o emergencia.

La experiencia liderada por la Universidad Andrés Bello, sede Concepción, durante y después de los incendios en el Biobío es un ejemplo claro de cómo la acción institucional bien planificada puede marcar una diferencia real. La articulación con actores locales, el respeto por los protocolos de seguridad y la orientación de las acciones hacia necesidades concretas permitieron que el aporte de los voluntarios fuera efectivo, pertinente y valorado por las comunidades afectadas y las familias con quienes pudimos relacionarnos.

La inmediatez muchas veces domina el debate público y por ello resulta fundamental detenernos a reflexionar sobre el impacto de estas acciones. El voluntariado Universitario, cuando nace desde la formación, la responsabilidad y el compromiso ético, contribuye a enfrentar emergencias y construye futuro. Al mismo tiempo, fortalece comunidades, forma mejores profesionales y reafirma el rol de la universidad como un actor clave en el desarrollo social, especialmente cuando más se le necesita.

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