Álvaro Hevia Castillo
Académico de Bioética, U. Central
En la formación de profesionales de la salud solemos creer que lo esencial es el dominio clínico: diagnósticos certeros, tratamientos pertinentes y protocolos correctamente ejecutados. Sin duda, esa base técnica es imprescindible para garantizar una atención segura y eficaz. No obstante, la experiencia de pacientes y familias revela una dimensión igualmente decisiva. Muchas de las situaciones más complejas en el ámbito sanitario no se resuelven solo con pericia científica, sino con discernimiento ético, sensibilidad humana y un sólido criterio moral. Allí es donde la bioética clínica encuentra su sentido. Y el cine puede convertirse en una potente herramienta pedagógica.
El uso de recursos audiovisuales se ha incorporado en la enseñanza de la bioética clínica debido a que permite acercar a los estudiantes a realidades que muchas veces aún no han vivido en sus prácticas. A través de personajes, conflictos y decisiones difíciles, pueden entrar en contacto con situaciones complejas que jamás podrían comprender únicamente con el estudio de textos teóricos.
Al ver la historia de personas enfrentadas a diferentes situaciones, enfermedades o condiciones, que deben tomar decisiones o de un equipo de salud que enfrenta diversos problemas éticos, quienes observan pueden afectarse, conmoverse, identificarse, tomar posición. Esa experiencia emocional es justamente lo que abre la puerta a la deliberación moral.
Los problemas bioéticos nunca son abstractos. No existe “el problema del aborto” o “el problema de la eutanasia” en general. Lo que existe son personas concretas que enfrentan situaciones particulares en contextos específicos. Los problemas bioéticos siempre están situados.
Usualmente, “bioética” se define como ética de la vida. Sin embargo, el término “bios” no se refiere meramente a la vida en general, sino a la vida propiamente humana. Y ese modo de vida es la vida subjetiva, la experiencia personal del vivir. En este sentido, los problemas bioéticos, para ser abordados adecuadamente, requieren de una deliberación moral cuidadosa y no de un simple tratamiento decisional algorítmico ni de una solución impuesta. Por eso el cine resulta valioso. Las películas muestran historias situadas, nos permiten ver cómo las decisiones afectan a individuos reales —o al menos verosímiles— con emociones y proyectos de vida.
El objetivo de este tipo de enseñanza es desarrollar la sensibilidad moral de las y los estudiantes. Un buen profesional de la salud no solo debe saber qué hacer desde el punto de vista técnico, también debe ser capaz de percibir cuándo una situación implica un problema ético, comprender las perspectivas de los distintos involucrados y participar en una deliberación moral responsable.
En tiempos en que la educación superior suele privilegiar la eficiencia y la acumulación de contenidos, la repetición y el uso indiscriminado de IA, el cine, con su capacidad de contar historias y despertar la empatía, puede ayudarnos a recuperar la conciencia de que cada decisión clínica afecta la vida de una persona concreta. Comprender eso es uno de los objetivos de la bioética.







