Carlos Fredes García
Gerente de Negocios Oneka Technologies
La reciente aprobación de la ley que regula el uso de agua de mar para desalación abre una oportunidad histórica para Chile. Sin embargo, su implementación exige decisiones técnicas y regulatorias que no pueden quedar sujetas a la improvisación. La Estrategia Nacional de Desalación y los reglamentos que la acompañan deben ser diseñados con criterios claros, equilibrados y con visión de largo plazo.
Uno de los aspectos más urgentes es la definición de los umbrales de ingreso al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA). Si estos límites se fijan demasiado bajos, proyectos de menor escala —que podrían ser vitales para comunidades rurales o iniciativas piloto— se verán obligados a enfrentar procesos de evaluación complejos y costosos, generando una carga burocrática que amenaza con frenar la innovación y la inversión. La claridad en este punto es esencial para dar certeza a los actores y evitar que la regulación se transforme en un obstáculo.
En paralelo, resulta indispensable que la Estrategia Nacional de Desalación incorpore mecanismos de financiamiento y alternativas viables para los Sistemas Sanitarios Rurales (ex APR). La desalación no puede quedar reservada a grandes proyectos industriales; debe ser también una herramienta para garantizar el acceso al agua en comunidades que hoy enfrentan vulnerabilidad hídrica. La política pública debe reconocer esta dimensión social y asegurar que los beneficios de la tecnología lleguen efectivamente a quienes más lo necesitan.
Otro desafío clave es la eventual dictación de una norma de emisión de salmuera por parte del Ministerio de Medio Ambiente. Este proceso debe basarse en datos empíricos y modelaciones que reflejen la diversidad tecnológica existente. No todas las plantas generan el mismo tipo de efluente: los sistemas compactos de baja presión impulsados por energía undimotriz producen una salmuera más diluida y con patrones de dispersión distintos a los de la ósmosis inversa convencional a gran escala. Diseñar una norma pensando únicamente en las grandes instalaciones industriales sería un error que invisibilizaría soluciones innovadoras y sostenibles. Desde Oneka Technologies manifestamos nuestra disposición a contribuir con información técnica que permita enriquecer esta discusión y asegurar que la regulación sea justa y representativa.
Finalmente, la implementación de esta política hídrica nacional requiere coordinación interministerial, que permita lograr una estrategia coherente, capaz de integrar las necesidades comunitarias, los desafíos logísticos y las exigencias ambientales.
Chile tiene ante sí la posibilidad de convertirse en referente regional en desalación sostenible. Para lograrlo, debemos avanzar con rigor técnico, visión social y apertura a la innovación. La regulación que hoy se discute marcará el rumbo de las próximas décadas: hagamos que sea un camino de certezas, inclusión y sostenibilidad.








