Vivienda Primero: Salir de la calle empieza con una llave

Por Carol Calderón, jefa social de Hogar de Cristo en Atacama. 

Hay una idea tranquilizadora, bastante repetida y profundamente injusta: que las personas viven en la calle porque quieren. Como si dormir al frío, ducharse donde se pueda, cargar la vida en una bolsa y ser mirado como un estorbo fuera una opción razonable dentro del catálogo de decisiones humanas.

En Copiapó, el programa Vivienda Primero, impulsado junto al Ministerio de Desarrollo Social y Familia, viene a decir algo simple, radical y urgente: nadie puede ordenar su vida si antes no tiene un lugar donde vivirla.

En Atacama, 578 personas fueron censadas en situación de calle, pero en Hogar de Cristo sabemos que son muchas más. Están quienes aparecen en el registro y quienes quedan fuera: personas que duermen por temporadas donde un conocido, en una toma, en una quebrada, o que se mueven de un lugar a otro, de una esquina a otra, buscando un punto menos hostil para pasar la noche. Aquello que aprendieron a llamar “lugar seguro”, aunque de seguro no tenga nada.

Por eso Vivienda Primero en Copiapó no es un gesto bonito. Es una respuesta concreta a una deuda demasiado larga. Porque pedirle a una persona que salga de la calle mientras sigue durmiendo en la calle es una crueldad administrativa.

El programa parte desde una convicción que incomoda a quienes todavía creen que la ayuda debe llegar después de una larga prueba moral: la vivienda no puede ser el premio final para alguien que ha sobrevivido años en la calle. Tiene que ser el punto de partida. Con un lugar estable donde dormir, bañarse, cocinar, guardar sus cosas y cerrar la puerta, recién se puede hablar en serio de salud, trabajo, tratamiento, vínculos, documentos y rutina.

Hoy, al acompañar los primeros ingresos a las viviendas en Copiapó, hemos visto algo que cuesta poner en palabras. Una persona, con la llave en la mano, lo dijo mejor que cualquier informe: “Al fin dormiré sin miedo”. Y esa frase, dicha desde una casa después de años de calle, debería bastar para entender de qué estamos hablando.

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