Vidas olvidadas, muertes invisibles: a propósito de las alertas meteorológicas

Rosa Hernández Montecino

Académica Terapia Ocupacional

Universidad Andrés Bello

Esta semana veremos titulares de noticias con múltiples alertas meteorológicas por lluvias, vientos y bajas temperaturas en gran parte del país, y es que estas situaciones pueden traer consecuencias importantes para las personas, sus hogares y su salud. Las alertas no buscan generar alarma, nos invitan a la preparación y el autocuidado. Pero muchas personas enfrentan el frío, la lluvia y la incertidumbre de un techo como algo cotidiano, sin recursos materiales y/o sociales para protegerse, hablo de las personas en situación de calle (PSC), detrás de ellos hay historias de vida marcadas por profundas desigualdades sociales, económicas, y estructurales. Son realidades que deberían interpelarnos como sociedad, y quizás sean esas historias las verdaderas “alertas” que debemos atender.

Hace algunos días se habló de la muerte de una “conocida” (así se tituló) persona en situación de calle, que falleció en un paradero en Concepción. Este tipo de notica respecto de la muerte en plena vía pública no es extraño, aunque pocas veces ocupa un espacio en medios de comunicación y/o en la discusión pública. Son noticias que debería conmovernos profundamente, nadie debería morir con esa falta de dignidad, invisible, en el olvido, su partida debería generar tal impacto en la comunidad de la que formó parte que nos alerte por la vulnerabilidad que enfrento y que le costó la vida.

Estas personas no están allí por elección, en sus historias existen múltiples vulneraciones, exclusiones, pérdidas, violencia. La calle se transforma en su espacio cotidiano cuando otros dejan de ofrecer protección, y es paradójico como la calle perpetúa su vulneración y nosotros somos espectadores, porque pese a estar presentes en nuestras ciudades, transitar por las mismas calles y ocupar los mismos espacios públicos, muchas veces dejamos de verlos, la cotidianeidad de su presencia parece normalizar una realidad profundamente injusta, transformándolos en invisibles, o bien generando malestar por su presencia, pretendiendo que con solo “sacarlos” de sus “rucos” el problema desaparece.

Tal vez, la verdadera “alerta” no sea solo protegernos de las lluvias o el frío, sino también la que nos invita a prestar atención a quienes conviven diariamente con estas situaciones y con diversas formas de exclusión. Mientras existan personas cuya vida e incluso su muerte transcurran en la indiferencia colectiva, seguiremos teniendo una deuda pendiente como sociedad. No podemos normalizar que seres humanos vivan en condiciones que atentan con su dignidad, que mueran en el espacio público y que, con demasiada frecuencia, sus muertes no nos conmuevan ni interpelen.

El desafío es más que brindar refugio temporal o asistencia material, aunque estas acciones son necesarias, resultan insuficientes si no enfrentan la invisibilización social que experimentan las PSC, las propuestas deben favorecer la construcción de vínculos sociales y comunitarios significativos, proteger a quienes viven en la calle, a quienes enfrentan este temporal esta semana, pero que enfrentan el frío, la lluvia y la invisibilización de la calle todos los días.

Es importante construir comunidades capaces de reconocer, y acompañar a quienes se encuentran en vulnerabilidad, valorar esas vidas, sus historias, proyectos, reconocerlos como sujeto de derechos y el lugar que ocupan en la vida comunitaria.

Preparémonos para las “alertas” meteorológicas y también para las alertas de invisibilización y olvido.

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