¿Es coincidencia que Chile esté cada vez más caro?

Señor Director:

Como gerente general de una empresa dedicada a la importación y comercialización de equipos de climatización, he observado cómo, en los últimos años, se han multiplicado las regulaciones, certificaciones y exigencias administrativas para operar. Muchas de ellas responden a buenas intenciones, pero pocas veces se evalúa el costo que generan ni si el beneficio obtenido realmente las justifica.

En nuestro sector, por ejemplo, numerosos productos ya cuentan con certificaciones europeas emitidas bajo algunos de los estándares de seguridad y calidad más exigentes del mundo. Sin embargo, para comercializarlos en Chile debemos repetir procesos de certificación, realizar ensayos locales y cumplir nuevas exigencias, como las asociadas a conectividad inalámbrica. Todo ello implica más tiempo, trámites y costos que, inevitablemente, terminan reflejándose en el precio que pagan los consumidores.

La pregunta es inevitable: ¿por qué no homologar certificaciones internacionales equivalentes? ¿Qué sentido tiene duplicar procesos que ya fueron validados bajo estándares ampliamente reconocidos? Es posible resguardar la seguridad y la calidad sin generar burocracia innecesaria ni costos evitables.

Y este no es un caso aislado. A ello se suman nuevas obligaciones administrativas, regulaciones laborales y crecientes exigencias de cumplimiento y reportabilidad que, acumuladas, encarecen la operación de las empresas. Cada medida puede parecer razonable de manera individual; el problema surge cuando nadie evalúa el efecto conjunto que tienen sobre la competitividad, la inversión y el costo de vida.

Chile necesita avanzar hacia una verdadera eficiencia regulatoria. Regular mejor no significa regular más, sino diseñar normas que protejan a las personas sin imponer cargas innecesarias. Un país que busca crecer no puede desentenderse del impacto que la burocracia tiene sobre la productividad, la innovación y los precios que finalmente enfrentan los ciudadanos.

Quizás, entonces, no debería sorprendernos que vivir en Chile sea cada vez más caro. Muchas veces, ese mayor costo no responde sólo a factores externos, sino también a decisiones que, paso a paso, han ido haciendo más complejo y costoso producir, importar y emprender.

Manuel Eyzaguirre Gubbins

Gerente General, Kaltemp

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