Los factores de riesgo cardiovascular invisibilizados

Por Dr. Andrés Glasinovic Peña, miembro de la Sociedad Chilena de Medicina del Estilo de Vida (SOCHIMEV).

La soledad y el apoyo social no se puede evaluar en un chequeo con un examen de sangre y habitualmente no se le considera al hablar de prevención cardiovascular. Sin embargo, la evidencia ha asociado la percepción de soledad y el aislamiento social con un aumento cercano al 20% del riesgo de enfermedad coronaria y accidente cerebrovascular.

Hoy sabemos que prevenir un evento cardiovascular no depende solo del colesterol elevado, la presión arterial, la diabetes o el tabaquismo, que son las típicas variables que se ocupan en las calculadoras de riesgo cardiovascular.

Un dormir de mala calidad, pasar demasiadas horas sentado en el día, vivir bajo un estrés crónico o mantener vínculos sociales débiles también puede afectar la salud cardiovascular.

La Medicina del Estilo de Vida, además de los factores de riesgo cardiovascular tradicionales, también pone el foco en estos factores desconocidos por muchos. Los patrones de alimentación basados en plantas y granos enteros tienen un sólido respaldo científico como protector cardiovascular. Dentro de este patrón, la dieta mediterránea, por ejemplo, ha demostrado una reducción cercana al 30% de eventos cardiovasculares en prevención primaria.

La actividad física también es clave: unos 150 minutos semanales de ejercicio moderado reducen el riesgo en comparación con la inactividad física. En los últimos años, ha emergido mucha evidencia que el ejercicio aeróbico no es suficiente para optimizar la salud, es clave complementar con ejercicios de fuerza muscular, idealmente un mínimo de 2 veces a la semana. Para los que no les gusta hacer un ejercicio más estructurado, sabemos que un mínimo de 7 mil pasos diarios tienen un efecto protector potente.

En la oficina o teletrabajo, medidas simples ayudan son: levantarse cada hora, subir escaleras, caminar mientras se habla por teléfono o realizar los llamados “snacks de ejercicio” que son ejercicios vigorosos y simples de hacer en menos de cinco minutos.

El sueño de mala calidad y el estrés también suelen minimizarse. Dormir menos de siete horas aumenta el riesgo cardiovascular, mientras el estrés crónico influye aumentando el cortisol y la presión arterial. La meditación como los programas de reducción de estrés basado en mindfulness, la actividad física y el contacto frecuente con la naturaleza son potentes ayudas para reducir el estrés.

En el mundo de hoy, damos demasiada importancia a soluciones rápidas. Los suplementos alimenticios y los productos llamados “detox” carecen de evidencia suficiente para prevenir la enfermedad cardiovascular, la clave preventiva está en mejorar los malos hábitos.

El vapeo tampoco es inocuo: la evidencia reciente lo ha asociado con enfermedad coronaria y eventos cerebrovasculares. Las bebidas energéticas pueden elevar la presión arterial y favorecer arritmias. Con el alcohol, el mensaje es claro: mientras menos, mejor dado su efecto en elevar la presión arterial.

Otro error frecuente es esperar una “alerta roja”. La hipertensión, la diabetes y las alteraciones del colesterol son condiciones que no dan síntomas y pueden avanzar durante años sin dolor y expresarse por primera vez con un evento cardiovascular, por lo que los controles médicos preventivos son fundamentales, incluso si la persona se siente bien.

En este Mes del Corazón, ampliemos la conversación: no hables solo de cuánto colesterol, glicemia y presión arterial tenemos. Incorporemos en la agenda de prevención cardiovascular, cuántos pasos al día damos, cuántas horas dormimos, cuántas porciones de frutas y verduras comemos al día, cómo manejamos el estrés y con quién conectamos profundamente en nuestras vidas. Incorporar los 6 pilares de la medicina del estilo de vida, protegen tu cerebro, corazón y mejoran tu vida.

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