Por Macarena Sandoval Vilaró, directora regional del Instituto de Seguridad Laboral (ISL) de Atacama
Solemos pensar el trayecto al trabajo o de vuelta a casa como un simple paréntesis entre una jornada y otra, un momento neutro que no cuenta como parte de la vida laboral. La realidad en la ruta dice otra cosa. Durante 2025, en Atacama se registraron 669 accidentes de trayecto, una cifra que nos recuerda que los riesgos laborales empiezan mucho antes de marcar la entrada y no concluyen apenas se termina la jornada.
Así lo entiende la Ley 16.744, que incluye los accidentes de trayecto dentro de la cobertura del Seguro Laboral. En una región como la nuestra, con distancias largas, faenas dispersas y traslados constantes, esto no es un detalle menor. La fatiga, el exceso de velocidad y la distracción al volante dejan de ser una simple estadística de tránsito para convertirse en un problema de salud ocupacional, con costos humanos, sociales y productivos que ya no podemos seguir mirando de lejos.
Hay, además, matices que conviene no perder de vista. Nuestra identidad minera le pone un sello particular al problema, ya que mientras a nivel nacional la minería apenas explica el 0,3% de los accidentes de trayecto, en Atacama ese número sube a 3,1%, diez veces el promedio del país.
Y hay una dimensión de género que también exige mirar con más cuidado; las trabajadoras enfrentan en sus desplazamientos riesgos que van más allá del tránsito mismo, cruzados con la seguridad en el espacio público y con trayectos muchas veces condicionados por tareas de cuidado. Ignorar estas particularidades sería diseñar prevención a ciegas, sin hacerse cargo de las brechas que, día a día, afectan la autonomía y la permanencia de las mujeres en sus trabajos.
Por eso, desde el Instituto de Seguridad Laboral nace la campaña “Viaje protegido”, para instalar la urgencia de dejar atrás la cultura de la prisa. Ninguna meta de producción, ningún horario apretado, justifica jugarse la integridad en la ruta. La prevención no puede quedarse en la entrada de la faena o de la empresa, tiene que acompañar cada trayecto, cada regreso a casa. Cuidarse en el camino es una responsabilidad que compartimos entre empleadores y trabajadores, y ahí la prudencia no debería ser una opción, sino la prioridad.
Si desea consultar más información visite https://www.isl.gob.cl/viaje-protegido/








