Anita Marambio, Presidenta Compromiso Minero
Cuando hablamos del aporte de la minería al desarrollo de Chile, lo más sencillo es pensar en las grandes cifras vinculadas a la inversión, el empleo, las exportaciones o los recursos para el Estado. Pero hay otra dimensión de ese aporte que es más difícil de medir, porque ocurre en lugares mucho más pequeños, como una sala de clases, un laboratorio, un colegio o simplemente, en la experiencia de un niño o una joven.
Un buen ejemplo de esto ocurre desde hace casi diez años en escuelas de las regiones Metropolitana y de Valparaíso, a través de Modelo Pionero, una iniciativa impulsada por Anglo American que busca transformar la experiencia educativa poniendo a los estudiantes en el centro del aprendizaje y vinculando la escuela con los desafíos de su entorno.
Hoy, este programa alcanza a 46 establecimientos en nueve comunas y cerca de 20 mil estudiantes. Solo en 2024, los alumnos desarrollaron 226 proyectos relacionados con medioambiente, ciencia y tecnología, arte, cultura, patrimonio, salud y participación ciudadana.
Pero lo que más me destaco son las historias que hay detrás de esas cifras. Hace poco se realizó el primer Encuentro de Líderes Tecnológicos, donde estudiantes y profesores pudieron experimentar con herramientas de tecnología y fabricación digital. Lo interesante es que en esa instancia fueron los propios estudiantes quienes ayudaron a los profesores a utilizar máquinas, programas y procesos de fabricación digital. Uno de ellos lo resumió de una manera sencilla y, a la vez, muy poderosa: “Es primera vez que me toca ser profesor de los profesores”.
Otro ejemplo es lo que están haciendo Estudiantes de Ingeniería y Técnico en Minería de AIEP, quienes pudieron conocer el Centro Integrado de Operaciones de Minera Los Pelambres, de Antofagasta Minerals, acercándose a tecnologías que permiten gestionar a distancia una operación minera. A través de la alianza CCM-Eleva, lo que aprenden en la sala pudo conectarse con una experiencia concreta de la industria.
Algo similar ocurre con el Programa de Formación Dual de Lundin Mining Candelaria, que permite a estudiantes de educación media técnico-profesional alternar sus clases con experiencia en las áreas operacionales de la compañía. De esta manera, el aprendizaje se conecta directamente con el mundo real y con los desafíos que enfrentarán en su futuro laboral.
Son experiencias diferentes, pero tienen algo en común: acercan la educación a la realidad, entregan nuevas herramientas y permiten que los jóvenes descubran capacidades y oportunidades que quizás antes no veían.
Cuando hablamos del aporte del ecosistema minero al desarrollo de Chile, pensamos naturalmente en los grandes titulares, lo que está bien porque efectivamente son muy importantes. Pero también existe otra contribución, más cotidiana y cercana cuando empresas vinculadas a los territorios ponen parte de sus conocimientos, tecnologías y capacidades al servicio de nuevas oportunidades para las personas que viven en ellos.
A veces, acciones que pueden parecer pequeñas cuando se miran desde lejos pueden abrir grandes oportunidades en la vida de las personas.
Porque, al final, el desarrollo de un país también se construye así. A veces comienza con algo tan sencillo como que un estudiante descubra que, por primera vez, puede ser el profesor de su profesor.








