La democracia no se relativiza

Por Katia Riveros Zepeda

Educadora de Párvulos

Profesora de Educación Diferencial

Magister en Educación

Doctoranda en Educación y Eco transformación

Quiero expresar mi profundo rechazo a las declaraciones de Javier Milei durante el Foro de Madrid realizado en Chile.

No se trata simplemente de diferencias políticas o ideológicas. Me parece inaceptable que un jefe de Estado extranjero venga a nuestro país a referirse de manera despectiva a chilenas y chilenos, calificándolos de «zurdos mugrosos» y que, al mismo tiempo, reivindique el derrocamiento de un presidente chileno elegido democráticamente.

Salvador Allende fue elegido por la ciudadanía chilena. Se puede estar en desacuerdo con su gobierno, con sus decisiones políticas y con su proyecto de sociedad. Eso forma parte de la democracia. Lo que no resulta aceptable es presentar su derrocamiento como un hecho digno de celebración, ignorando el quiebre democrático que significó y las graves violaciones de los derechos humanos cometidas durante la dictadura instaurada posteriormente.

Me parece especialmente grave que estas afirmaciones se realicen en Chile, en nuestro propio hogar.

Defender la democracia no significa defender a un partido ni adherir a una determinada ideología. Significa resguardar el derecho de los pueblos a elegir a sus autoridades, respetar las instituciones y aceptar los resultados electorales, incluso cuando no nos gustan.

Significa también defender el derecho a disentir sin ser insultado, perseguido ni deshumanizado.

Por eso, mi rechazo no se dirige solamente a las palabras de Milei, sino también al intento de normalizar un discurso que desprecia a quienes piensan diferente, reivindica el quiebre democrático de nuestra historia y pretende convertir la intolerancia en una virtud política.

Chile conoce demasiado bien el costo de perder la democracia.

Por eso, hoy más que nunca, considero necesario decirlo con claridad: la democracia se defiende siempre, incluso cuando gobiernan quienes no piensan como nosotros. También debe defenderse cuando quienes la atacan son nuestros propios aliados políticos o los aliados de quienes gobiernan.

No acepto que se insulte a chilenas y chilenos por sus ideas. No acepto que se reivindique el derrocamiento de un presidente elegido democráticamente. Tampoco acepto que la defensa de una determinada ideología sea utilizada como justificación para relativizar la democracia, los derechos humanos y nuestra propia historia.

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