Septiembre es sinónimo de tradición culinaria donde destacan empanadas, asados y mote con huesillo. Sin embargo, también es una época en que aumentan las probabilidades de cometer errores en la manipulación de los alimentos. Y aunque muchas veces parecen detalles menores, una mala refrigeración, una cocción insuficiente o la contaminación entre alimentos crudos y cocidos pueden hacernos terminar la celebración en una sala de urgencias.
La prevención comienza desde la compra. Elegir alimentos que provengan de lugares autorizados, verificar la fecha de caducidad, que los productos refrigerados o congelados mantengan su cadena de frío y evitar aquellos que tengan procedencia dudosa o sin las condiciones mencionadas, son decisiones sencillas que disminuyen los riesgos.
En casa, uno de los cuidados que sigue siendo fundamental pese a su sencillez es el lavado frecuente de manos antes de cocinar, después de manipular alimentos crudos y cada vez que sea necesario durante la preparación.
Otro de los cuidados de a considerar es separar los alimentos crudos de aquellos que ya están listos para consumir. La tabla de picar, el cuchillo o el plato utilizado para una carne cruda no debería reutilizarse para alimentos cocidos sin haber sido previamente lavado y desinfectado.
También debemos poner atención a la parrilla. Todas las carnes (vacuno, pollo, cerdo, hamburguesas y embutidos) requieren una cocción completa. Que un alimento esté dorado por fuera no significa necesariamente que esté bien cocido en su interior o haya alcanzado los 65°C necesarios para eliminar o reducir peligros.
Otro clásico de estas fechas es dejar las preparaciones durante horas sin resguardarlas. Aunque la sobremesa se extienda, los alimentos perecibles no deberían permanecer innecesariamente a temperatura ambiente por más de 2 horas, por lo que se sugiere mantenerlos refrigerados entre 0° y 5°C o congelados a -18°C si pensamos guardarlos por más tiempo.
Las Fiestas Patrias son una oportunidad para compartir nuestras tradiciones, no para asumir riesgos que podemos evitar. Resguardar la inocuidad alimentaria no requiere conocimientos especializados, sino que basta con atención, buenos hábitos y responsabilidad.
Este 18, además de preocuparnos de comer rico, procuremos que sea seguro, ya que celebrar nuestras tradiciones y cuidar la salud no son objetivos opuestos.








