- Fondo de Cultura Económica, Argentina, 2025
Por
Arturo Volantines
La cantidad de libros a publicar es el meollo de las editoriales, porque la última reedición sobra y porque un tercio de los libros publicados son quemados o convertidos en pulpa de papel.
Este libro ahonda muy bien en este asunto clave. Se acude a entrevistas a editores y a datos duros. Y a cómo los escritores asumen la destrucción de sus libros y la reacción de ellos mismos cuando andan cachureando en liquidaciones y, de pronto, se encuentran con sus enamoradas obras.
Se palpa que el consumo mundial de libros sigue decreciendo con relación al aumento de la población mundial. Dice: “En la década de 1960, en el planeta tierra se vendían cada año 1,6 libros per cápita y después del año 2000 solo 0,9 (pág. 59)”.
Se propone hacer pequeñas reediciones, que hoy las nuevas tecnologías facilitan, aunque pueda aumentar el precio unitario. Por otro lado, aliviana el bodegaje, que esta subiendo sus costos. Esas pequeñas reediciones también permiten mejorar la limpieza de los textos y, casi en todos los casos, desratizar. Se cita al magnífico texto de Yanko González y Pedro Araya Riquelme, El agua verde del idiota (2023, pág.: 15): “…editoriales transnacionales, han encontrado un promedio de 1,3 errores por cada diez páginas, siendo los más comunes los tipográficos, seguidos de los errores de puntuación, y los gramaticales.”.
Los autores señalan que el bestseller es otro género literario. Su importancia radica en que estos suelen financiar libros más de fondo o experimentales. Incluso, aquellos que saltan esta categoría, como Harry Potter o La sombra del viento de Carlos Ruiz Zafón.
Se publican millones de libros. Se compran menos. Y aún mucho menos se leen. El almacenamiento es cada día más caro. Hasta hace poco creía que los libros eran inmortales, pero una lluvia reciente me demostró que el agua puede ser librocida.
La publicación de un nuevo texto es una acción más científica que entusiasta. Pero a los editores independientes pareciera que los mueve el amor creativo. También a las librerías, que —hoy en Chile— viven en resistencia: suelen aparecer con bombo y desaparecer con parsimonia. Las editoriales grandes ahora venden a granel con descuento y, muchas veces, envían gratis a tu domicilio. Y las pequeñas, además, se defienden en las ferias. El camino de sobrevivencia de las librerías —sostengo— pasa por ser también editores.
En estos días han muertos en Chile varios de los más notables libreros. Vaya mi homenaje: Sergio Said, el Che Miguel Espinosa Parada, José Martínez Fernández, Teresa Sayago y varios más.
Tal vez, uno de los libros más exitosos en la región de Coquimbo es: El tesoro de los piratas de guayacán de Ricardo E. Latcham. Una novela de “ficción bien urdida”, según el autor. Sin embargo, se han gastado fortunas para encontrar el tesoro, aunque nunca este existió, tal como lo dicen, también: Joaquín Edwards Bello y el local Hans Niemeyer Fernández en un par de libros suyos.
Hoy, la pregunta, indudablemente, es: ¿Cuántos lectores va a tener el libro? Antes eran los procesos industriales del libro. La Tirada es una rayuela. Es puro pulso; un tejo en el aire. Un misterio que ni la publicidad achaca. Una piedra chica arrastrada por un río grande. Y como dice, Diego Moreno: “Siempre sobran libros de los que no faltan”.








