A los 24 años, un accidente automovilístico le provocó secuelas neurológicas que afectaron cerca del 70% de la movilidad del lado derecho de su cuerpo. Tras un largo proceso de rehabilitación, hoy entrena entre tres y cuatro veces por semana y destaca la importancia de mantenerse activo para preservar su movilidad y calidad de vida.
La actividad física puede cumplir un papel importante en la recuperación funcional y en el mantenimiento de la autonomía de personas que viven con secuelas de lesiones neurológicas. La historia de Aldocésar López Riquelme es un ejemplo de cómo el movimiento puede incorporarse a la vida cotidiana como parte del cuidado a largo plazo.
A los 24 años, López sufrió un grave accidente automovilístico que le provocó un fuerte golpe en la cabeza y secuelas neurológicas, entre ellas una hemiparesia derecha con espasticidad. La lesión llegó a comprometer cerca del 70% de la movilidad del lado derecho de su cuerpo, dando inicio a un proceso de rehabilitación física y emocional en el que participaron la Fundación Teletón, el Hospital de Neurocirugía y otros centros especializados.
Uno de los apoyos que recuerda especialmente fue el uso del robot Lokomat en la Fundación Teletón, una tecnología utilizada para el entrenamiento de la marcha durante la rehabilitación.
“Parte de mi tratamiento inicial fue con el robot Lokomat, un sistema de entrenamiento de la marcha que utiliza tecnología robótica en la Fundación Teletón. Haber tenido acceso a él fue parte de una recuperación exitosa. Si no hubiese sido por eso, no estaría en las condiciones en las que estoy”, relata.
La recuperación también implicó aprender a convivir con las secuelas, adaptar sus actividades cotidianas y recuperar progresivamente su independencia. El apoyo de su familia fue fundamental durante ese proceso, al igual que su determinación para retomar sus proyectos personales. Después de hacer una pausa de dos años, volvió a estudiar y se graduó como ingeniero comercial.
A dos décadas del accidente, la actividad física continúa siendo parte esencial de su vida. Aunque ha recuperado una parte importante de su funcionalidad, todavía presenta secuelas que afectan su movilidad, por lo que mantenerse activo es una necesidad cotidiana.
“Si bien he tenido una estupenda recuperación, cuento con secuelas, por lo que tengo que mantenerme en actividad física de por vida. Por esta condición, sí o sí tengo que entrenar. No moverme implica malestar, dolor; me cuesta moverme e incluso hablar”, explica.
Desde la perspectiva de la rehabilitación, el ejercicio adaptado puede contribuir a mantener la movilidad, trabajar la fuerza y favorecer la funcionalidad en las actividades cotidianas. Su planificación debe considerar las capacidades, necesidades y limitaciones de cada persona, especialmente cuando existen secuelas neurológicas.
“En personas que presentan secuelas de una lesión neurológica, mantenerse físicamente activo puede ser una herramienta importante para trabajar la movilidad, la fuerza y la funcionalidad. Lo fundamental es adaptar los ejercicios a las capacidades de cada persona, avanzar de manera progresiva y considerar las recomendaciones de los profesionales tratantes para favorecer una práctica segura y sostenible en el tiempo”, explica [nombre del kinesiólogo], kinesiólogo de Sportlife.
Actualmente, Aldocésar entrena entre tres y cuatro veces por semana en Sportlife, alternando entre las sedes de Viña del Mar y Ñuñoa. Su rutina combina ejercicios cardiovasculares y clases dirigidas, como baile y Sportcycling, que adapta según sus necesidades y capacidades. En sus entrenamientos, prioriza realizar más repeticiones antes que enfocarse en aumentar la masa muscular.
“He estado en diferentes gimnasios. Recientemente estoy entrenando en Sportlife y ha sido una gran experiencia. El personal son un 7 y las máquinas son de un excelente nivel”, comenta.
Para López, entrenar no responde únicamente a un objetivo físico, sino a una necesidad que forma parte de su vida cotidiana y de la manera en que convive con las secuelas del accidente. Su experiencia también lo ha llevado a valorar el autocuidado y a reconocer la importancia de mantener hábitos que contribuyan al bienestar a lo largo de los años.
“Hay que ser feliz bajo cualquier circunstancia. Invito a la gente a cuidarse, a quererse, a entrenar, porque el tiempo pasa y uno no se da cuenta. Es muy necesario preparar el cuerpo para el paso de los años. La actividad física está relacionada con la salud mental y también con la emocional. Están todas relacionadas para una vida mejor”, señala.
Su historia muestra cómo el movimiento puede seguir teniendo un lugar relevante mucho después de una lesión, tanto durante la rehabilitación como en el mantenimiento de las capacidades recuperadas. Aunque cada proceso es diferente y requiere objetivos ajustados a las necesidades individuales, encontrar una forma adecuada de mantenerse activo puede contribuir al bienestar, la autonomía y la calidad de vida.







