Chile – el último Jurassic-Park comunista del planeta

Eduardo Schindler – Zürich, Agosto 2025

En Noviembre de 1989 cayó el muro de Berlín. En casi 30 años de existencia, más de 100.000 personas trataron de escapar de la DDR. Algunas encontraron la muerte en el intento, el último fue un joven de 20 años abatido por un guardia en Febrero de ese año. La caída del muro simboliza el fracaso definitivo del comunismo como ideología para organizar una sociedad, y pone punto final a décadas de imponer un sistema totalitario y altamente represivo para gobernar.

Nadie contribuyó más a la caída del muro que Michael Gorbachov – Secretario General del Partido Comunista y Jefe de Estado de la Unión Soviética a fines de los años 80. En aquel entonces declaró abiertamente que no apoyaría un régimen comunista en otras naciones si la gente local se oponía a esto. La reacción no tardó en llegar, y el comunismo se extinguió en forma rápida, irreversible y en todas partes.

En Europa del Este no dudaron en exterminar a un dinosaurio ideológico incompatible con un ecosistema de libertades individuales, pluralismo político, y libre mercado basado en la iniciativa privada. Se acaban los planes a 5-años, la economía dirigida, la indoctrinación y supervisión/control permanente de las personas, la obligación a espiarse y delatarse mutuamente y la brutal supresión de opiniones divergentes. Se pone fin a 70 años de vivir con un miedo perenne y de subordinación absoluta, en que la gente no tiene derecho a formarse una opinión propia, ni poseer un pasaporte y viajar cuándo/dónde se quiera, ni cambiar ciudad o puesto de trabajo para buscar un futuro mejor, ni acumular y transferir riqueza privada a los hijos, ni elegir el lugar/fecha de las vacaciones, etc. Y queda atrás el tener que esperar 15 años para recibir un auto chico con carrocería de plástico – a condición de ser miembro del partido y haberlo ya pagado. Una experiencia traumática para millones de personas, al punto de generar una tal aversión a ideologías de izquierda que es en la ex-DDR donde el partido más a la derecha de Alemania recibe el mayor % de votos.

En las 700 páginas de sus Memorias, el Sr. Gorbachov explica en detalle y “desde adentro” los múltiples problemas y abusos causados por el sistema. Describe con precisión por qué y cómo el comunismo estaba cayendo por su propio peso y condenado inevitablemente al fracaso. Relata de: gente tratada con desdén, resignada y con mentalidad parasitaria; un partido paralizado por peleas interminables de poder; una elite de jerarcas conformistas, rodeados de privilegios y reacios a toda modernización; y una red de países satélites con líderes serviles, ineptos e incapaces de asumir ninguna iniciativa ni responsabilidad. Habla de una industria con tecnologías ineficientes y anticuadas, la carencia generalizada de productos básicos, largas capas de la población y regiones que viven en condiciones de miseria, y el tener plena conciencia del imperativo a cambiar de rumbo sin demora ya que las reservas de muchos recursos fundamentales se agotaban entre 10 y 20 años. Y deplora además la existencia de un Estado omnipresente, que desconfía y vigila a la gente y a sus propios líderes en todo momento y lugar – al punto que en sus 40 años de carrera en el partido, cada vez que quería hablar algo delicado con su familia salían al jardín.

Dada la cantidad y gravedad de la evidencia presentada en estas Memorias, es muy difícil imaginar que alguien que lea el libro pueda mantener su opinión inalterada sobre las presuntas virtudes del comunismo. A menos de padecer de una incurable ceguera ideológica.

Al denunciar lo insostenible de la situación y de un futuro inviable para la ex-URSS, el Sr. Gorbachov hace muestra de una valentía, honestidad intelectual y devoción genuina hacia el bienestar de la humanidad sin equivalencia entre ningún líder del mundo occidental. Y es gracias a su iniciativa y determinación que se pone fin a 40 años de la muy peligrosa y costosa guerra fría – incluyendo el histórico acuerdo de destruir más de 5.000 cabezas nucleares entre USA y la ex-URSS. En el 1990 le es atribuido el Premio Nobel de la Paz. Un muy merecido reconocimiento a quién logró mejorar la situación mundial como ninguna otra persona de su generación.

Cabe destacar que la extinción de los dinosaurios no se limitó a Europa del Este. En 1976, el partido comunista italiano recibía el 34% de los votos, y se auto-disolvió ya en el 1992. En Francia llegó a tener el 28%, para no alcanzar hoy el 1%. En el 2024, el parlamento de la UE fue elegido por unos 400 millones de votantes de 27 países, y tiene 720 miembros. Hay sólo 7 que representan al partido comunista.

Y Chile, ¿dónde está?

En el 1990 se vuelve a la supuesta democracia, y la tan prometida “alegría ya viene” hecha por la izquierda a partir del plebiscito del 1988 no llegó nunca. No ocurrió con Lagos, ni Bachelet, tampoco en Bachelet bis, y todavía menos con Boric. Ante tanta promesa falsa y “tristeza” duradera, a sus adeptos no les queda más que reconocer el fracaso reiterado de sus ideas (como el Sr. Gorbachov), o bien continuar con décadas de auto-engaño y buscar la “alegría” cada vez más hacia la izquierda – llegando inevitablemente al partido comunista como última esperanza. Por ello, el abultado triunfo de la Sra. Jara en las primarias no es sólo una reacción al gran fiasco del gobierno actual. En vez, este resultado refleja la profunda decepción, sensación de engaño reiterado, angustia y desorientación que la gente de izquierda ha ido acumulando en 18 de los últimos 25 años (desde el 2000 a la fecha) con 4 gobiernos socialistas incapaces de entregar la “alegría” prometida.

Ante la debacle y masivo desconsuelo generado (una vez más) por el gobierno que termina, la probabilidad de repetir otro Presidente de izquierda a partir del 2026 es nula. Ergo: el riesgo que Chile se convierta en una especie de lúgubre e inquietante Jarassic-Park no existe. Aun así, el triunfo de la Sra. Jara entrega un mensaje tan valioso como inquietante – a saber:

  • el problema primordial de Chile no es el par de dinosaurios que todavía andan dando vuelta, sino que ha sido y sigue siendo el error capital de insistir – cada 4 años y ya por 35 años, izquierda y derecha – en utilizar y mantener inalterado un ecosistema político tan añejo y retrógrado que incluso los dinosaurios todavía logran sobrevivir.

Como ya expresado otras veces, es imperativo modernizar y poner fin a este fallido sistema basado en una cultura política de la época colonial – y que fomenta: la partitocracia; la casi nula participación/incidencia ciudadana; y un centralismo que reprime una mayor (e imperativa) autonomía política y económica de las regiones. Es evidente que es un modelo que le queda “muy chico” e impide “respirar&crecer” al Chile actual, es incapaz de corregir sus peores deficiencias por sí mismo, se está pudriendo desde adentro y está condenado al fracaso. El revertir el remolino de retro-marcha que está llevando al país de vuelta a su pasado poco glorioso (y problemas todavía mayores) es posible. La solución para modernizar el sistema existe, es bien simple y se puede implementar rápidamente. Y lleva a niveles de libertad, seguridad y prosperidad que son: muy superiores al actual; más acorde con los mayores niveles de emancipación cívica y económica ya alcanzados por la sociedad chilena; e inalcanzables para el fallido y obsoleto medio-ambiente de la supuesta democracia actual. Ver: www.swiss-democracy.ch.

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