Tradición que endulza generaciones: Dulcería “El Molle” mantiene viva la nostalgia del Valle de Elqui desde hace más de 40 años

En la localidad de El Molle, a pocos kilómetros de La Serena, un emprendimiento familiar ha logrado transformar los dulces tradicionales en una experiencia cargada de recuerdos. Entre chilenitos, alfajores y paredes cubiertas de tarjetas que visitantes dejaron durante décadas, la Dulcería “El Molle” se ha convertido en un pequeño símbolo del turismo y la memoria del Valle de Elqui, uno de los destinos más visitados de la Región de Coquimbo.

El turismo en el norte de Chile tiene múltiples rostros. Mientras la Región de Atacama destaca por sus paisajes desérticos únicos y destinos emergentes que atraen a visitantes en busca de naturaleza y tranquilidad, la Región de Coquimbo ha consolidado hace años una oferta turística diversa que mezcla litoral, astronomía, patrimonio cultural y experiencias rurales.

Uno de los lugares que mejor representa ese espíritu es el Valle de Elqui, reconocido a nivel nacional e internacional por su mística, su paisaje y su tradición. En este escenario, a unos 34 kilómetros de La Serena, se encuentra la pequeña localidad de El Molle, donde un emprendimiento familiar ha logrado mantenerse vigente por más de cuatro décadas: la Dulcería “El Molle”.

El negocio nació gracias al esfuerzo de Basilio y María, quienes comenzaron a preparar dulces artesanales hace más de 40 años, en una época en que el turismo en la zona comenzaba a crecer. Con el tiempo, la tradición fue heredada por sus hijos, quienes hoy continúan con la elaboración de productos que forman parte de la identidad gastronómica chilena.“Somos una empresa familiar. Partimos con mis padres y hoy seguimos nosotros con el negocio. Gracias a Dios, tenemos muchos clientes, sobre todo de la zona norte”, comenta Francisco Collao, actual encargado del local.

En esta dulcería se pueden encontrar preparaciones que evocan la cocina tradicional chilena, tales como: chilenitos, empanadas de alcayota, alfajores de chancaca y dulces elaborados con manjar casero, además de alcayota preparada por la propia familia. Un trabajo artesanal que, según Collao, hoy es cada vez menos frecuente.Pero lo que realmente convierte al local en un punto especial para los visitantes no está solo en sus vitrinas, sino también en sus paredes. Desde hace décadas, cientos de personas han dejado tarjetas de presentación, mensajes o pequeños recuerdos tras su visita. Lo que comenzó de manera espontánea hace unos 40 años terminó convirtiéndose en una tradición que hoy forma parte de la identidad del lugar.  “Muchas personas entran y ven tarjetas que dejaron sus abuelos o sus papás. A veces nos piden permiso para buscarlas, y cuando las encuentran las comparten por WhatsApp con su familia. Se genera una interacción muy bonita”, relata Collao.Aunque con el paso del tiempo las tarjetas físicas han sido reemplazadas por la tecnología, la tradición sigue viva como un símbolo de las generaciones que han pasado por el local. Ese vínculo emocional también se refleja en la clientela: familias completas que regresan cada verano o en sus viajes al valle.“Nos gratifica ver que llegan segundas o terceras generaciones de clientes. Eso significa que el cariño por el local se mantiene”, agrega.

Actualmente, el emprendimiento es sostenido por cuatro integrantes de la familia, a quienes en temporadas de mayor afluencia turística se suman uno o dos colaboradores para apoyar en la preparación de los dulces.

En tiempos donde muchos negocios tradicionales desaparecen o se transforman, la Dulcería El Molle se mantiene como un pequeño refugio de sabores y recuerdos en el corazón del valle.

Quienes deseen conocer más sobre este emprendimiento familiar pueden encontrarlos en Instagram como Dulcería del Molle, donde comparten parte de su historia y sus productos.

 

Por Tierramarillano Chile

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