Beatriz Revuelta
Directora carrera de sociología, Universidad Central
En materia de cuidados, los avances del país en los últimos años son muy relevantes. La entrada en vigor de la Ley Chile Cuida constituye un hito sin precedentes. La legislación reconoce el derecho a cuidar, a ser cuidado y al autocuidado, y sienta las bases del Sistema Nacional de Apoyos y Cuidados. En estos años, se ha ampliado la presencia territorial de la Red Local de Apoyos y cuidados; se ha identificado de manera formal a las cuidadoras y cuidadores a través de una credencial que les permite contar con atención preferencial en varios servicios y se han desarrollado centros de atención comunitaria en varias regiones del país. Estos avances sugieren que Chile podría estar transitando desde una concepción familista del cuidado, hacia una perspectiva de corresponsabilidad y de equidad. Pareciera ser una afirmación muy ambiciosa pensando en que el cuidado sigue estando en manos de las mujeres, en los hogares, pero ciertamente ha habido un cambio significativo en las formas en que se ha comenzado a reconocer el cuidado como un trabajo y a las prácticas de cuidado como sostenedoras del bienestar. En este cambio han jugado un rol fundamental las propias cuidadoras y el movimiento de cuidadoras a nivel nacional y regional, de conjunto con una gestión de gobierno que colocó los cuidados como parte fundamental del futuro de Chile.
Estos avances entran en una fase particularmente significativa con el cambio de gobierno. El nuevo escenario abre un debate relevante sobre la capacidad del Estado para garantizar la continuidad. Al igual que con otras reformas estructurales, el éxito de esta política dependerá menos de su formulación general que de su capacidad para traducirse en beneficios, apoyo, coordinación territorial y financiación sostenible. En este marco, el cambio de administración no debe conducir a una lógica de discontinuidad, sino más bien a una evaluación rigurosa sobre la eficacia, cobertura y sostenibilidad de los dispositivos ya creados. El nuevo gobierno debería consolidar el Sistema y profundizar sus beneficios.
Reconocer la centralidad de los cuidados, como eje fundamental del bienestar y del futuro de Chile tiene que ocupar una posición prioritaria, con el mismo grado de importancia que la seguridad ciudadana o la economía. La urgencia de apoyos a los cuidados, a las personas que se dedican 24/7 a sostener la vida de otros, no puede esperar más.







