Desde el Consejo Minero advierten que la industria asumirá hasta el 74% del costo de los cambios al impuesto al diésel, en un escenario marcado por alzas en energía, logística e insumos que profundizan los desafíos para la competitividad y la inversión en la minería chilena.
El precio del cobre continúa en niveles históricamente altos, con un promedio cercano a los US$5,87 por libra en lo que va del año, impulsado por la transición energética y la creciente electrificación global. Sin embargo, este favorable escenario para Chile comienza a verse contrarrestado por un aumento sostenido en los costos de producción minera, marcado por factores tanto internos como externos, según reportes de Ex-Ante y BioBioChile.
Uno de los elementos más relevantes es el alza en los combustibles, particularmente el diésel, clave para la operación minera. A esto se suma la decisión del Gobierno de poner fin a la exención del impuesto específico a este combustible para la industria, lo que implica un nuevo costo para una actividad intensiva en su consumo. Solo un camión de gran minería puede utilizar cerca de 1,2 millones de litros de diésel al año.
El impacto no es menor. Desde el Consejo Minero, su presidente ejecutivo, Joaquín Villarino, advirtió que la industria terminará asumiendo cerca del 74% del costo total de la medida. Según el gremio, esto podría traducirse en un aporte adicional cercano a los US$100 millones en solo seis meses, cuestionando además la equidad del ajuste tributario.
A nivel internacional, el conflicto en Medio Oriente iniciado el 28 de febrero ha tensionado los mercados energéticos globales, elevando el precio del petróleo y encareciendo tanto el transporte marítimo como los seguros asociados. De acuerdo con el Centro de Estudios del Cobre y la Minería (CESCO), este escenario afecta directamente los costos de producción del cobre.
Expertos del sector advierten que el impacto es múltiple. El CEO de GEM Mining Consulting, Juan Ignacio Guzmán, explicó que el alza del crudo no solo encarece el diésel, sino también los fletes, los seguros marítimos y el precio de insumos clave como el azufre, fundamental para la producción de ácido sulfúrico.
La energía representa un componente significativo en la estructura de costos mineros, alcanzando cerca del 15% del total operacional. En este contexto, un aumento sostenido del precio del petróleo —por sobre los US$100 por barril— podría elevar los costos de producción del cobre en Chile entre 10 y 20 centavos de dólar por libra.
A ello se suma el encarecimiento de insumos industriales importados como lubricantes, explosivos, neumáticos y reactivos químicos, debido al aumento en los costos logísticos globales. Las tensiones geopolíticas han obligado a modificar rutas comerciales y han incrementado los recargos en el transporte marítimo, profundizando la presión sobre la industria.
Otro factor relevante es el alza en el precio del ácido sulfúrico, insumo clave en procesos de lixiviación. Tras una baja posterior a 2022, su valor vuelve a subir y podría superar nuevamente los US$180 por tonelada, e incluso acercarse a los US$300 en escenarios más críticos, debido a problemas de oferta y mayores costos de transporte.
El resultado de este conjunto de variables es una paradoja para la minería chilena: aunque el precio del cobre se mantiene alto, los márgenes operacionales comienzan a estrecharse. Esto es especialmente sensible en faenas con menores leyes de mineral, donde se requiere mover más material para mantener la producción.
Así, mientras el cobre sigue siendo un pilar clave para la economía nacional, las crecientes presiones de costos plantean nuevos desafíos para la competitividad del sector, en un contexto donde producir el principal recurso del país se vuelve cada vez más caro.







