Cuando el parto no espera

Ximena Egas Biava

Académica Obstetricia

Universidad Andrés Bello

El reciente nacimiento ocurrido en plena vía pública en Concepción, muy cerca de un evento masivo como el Festival REC, nos recuerda que el parto es un proceso natural, involuntario y que no siempre se puede prever ni controlar. Aunque solemos pensar que el nacimiento debe ocurrir en un hospital y bajo condiciones planificadas, lo cierto es que el cuerpo de la mujer cuenta con mecanismos biológicos que, una vez activados, siguen su curso propio. Cuando el trabajo de parto avanza rápidamente, no siempre es posible llegar a tiempo a un centro de salud.

Desde la medicina y la matronería, este tipo de situaciones se conoce como parto precipitado, es decir, aquel que ocurre en menos de tres horas desde el inicio de las contracciones. En estos casos, la dilatación avanza con gran rapidez y aparece un fuerte e involuntario deseo de pujar, lo que hace imposible detener el proceso. El cuerpo actúa por sí mismo.

La evidencia científica actual coincide en que la mayoría de los partos en mujeres sanas se desarrollan sin complicaciones si se respeta su curso natural. Frente a un parto inminente en la vía pública, la atención no debe centrarse en maniobras complejas, sino en cuidados básicos como proteger la privacidad, mantener un ambiente tranquilo, permitir que la mujer adopte la posición que le resulte más cómoda y evitar intervenciones innecesarias, como presionar el abdomen, aspirar de rutina al recién nacido o cortar el cordón umbilical de forma inmediata, ya que esperar unos minutos aporta importantes beneficios al bebé.

El contacto piel con piel inmediato entre la madre y el recién nacido es otro aspecto fundamental. Este simple acto ayuda a mantener la temperatura del bebé, estabiliza su respiración y favorece el inicio de la lactancia.

Tras el nacimiento, el traslado al centro de salud debe realizarse manteniendo juntos a la madre y al recién nacido. Separarlos aumenta riesgos y va en contra de prácticas actuales basadas en evidencia. El cuerpo materno es el mejor abrigo y apoyo para el bebé en esos primeros minutos de vida.

Nuestras ciudades y sistemas de salud deben estar preparados para comprender que el parto no siempre ocurre según lo planeado. Entenderlo como un proceso natural y respetarlo desde una mirada humana y científica es clave para garantizar una atención segura y digna en cualquier contexto.

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