¿Por qué a las personas les cuesta dejar “su casa” en una toma ilegal?

Dra. Andrea Mira
Académica de la Escuela de Terapia Ocupacional
Universidad Andrés Bello

El fenómeno de las tomas de terrenos en Chile suele abordarse desde la legalidad o el orden público, pero con menor frecuencia se analizan las razones que llevan a muchas familias a no desalojar estos espacios, aun enfrentando procesos judiciales.

La principal causa es estructural por la falta de acceso a una vivienda digna. A ello se suman factores como la precariedad económica, la ausencia de redes de apoyo y el temor a perder el único espacio que, aunque informal, les entrega cierta estabilidad. Para muchas familias, abandonar una toma no es una opción real, sino un salto a una incertidumbre aún mayor.

Sin embargo, esta realidad tiene efectos profundos, especialmente en niños y niñas. Crecer en ambientes de alta precariedad habitacional, marcados por la inseguridad, la exposición a la violencia y el miedo constante al desalojo genera lo que la evidencia denomina “estrés tóxico”. Este tipo de estrés, sostenido en el tiempo, afecta directamente el desarrollo cerebral, impactando áreas clave para la memoria, el aprendizaje y la regulación emocional.
A esto se suma el peso del estigma social. Vivir en una “toma” no solo implica carencias materiales, sino también la autoestima, la inclusión escolar y el acceso a redes de apoyo. La incertidumbre permanente mantiene a los niños en un estado de alerta constante, agotando sus recursos cognitivos y emocionales.
Las consecuencias pueden extenderse a lo largo de la vida y se traduce en mayores dificultades de aprendizaje, mayor riesgo de ansiedad y depresión, y un sistema inmunológico debilitado. Por ello, abordar esta problemática requiere una mirada integral. La vivienda digna no es solo una solución habitacional, sino una medida urgente de protección a la infancia.

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