El Día Mundial de la Salud Digestiva, que se celebra cada 29 de mayo, nos invita a visibilizar la estrecha relación entre el consumo excesivo de alimentos ultraprocesados y la epidemia de enfermedades digestivas que afecta de forma creciente a la población del mundo, en especial, a los más jóvenes.
Los datos son alarmantes. Una revisión sistemática publicada en Nutrients (Rondinella et al., 2025) concluye que el alto consumo de ultraprocesados genera disbiosis intestinal severa, con pérdida de bacterias protectoras (Akkermansia muciniphila y Faecalibacterium prausnitzi.), inflamación crónica de la mucosa digestiva y aumento de la permeabilidad intestinal: mecanismos centrales en el desarrollo del síndrome de intestino irritable y la enfermedad inflamatoria intestinal, cuya prevalencia global ya supera los 7 millones de casos.
Un metaanálisis en Frontiers in Nutrition (Zhang et al., 2025), sobre más de 513 mil personas, confirma que el mayor consumo de ultraprocesados eleva en un 22% el riesgo de esteatosis hepática (hígado graso). Asimismo, en noviembre de 2025, JAMA Oncology reportó que mujeres menores de 50 años con alta ingesta de estos productos presentan un 45% más de riesgo de adenomas colorrectales precancerosos, apuntando directamente a los ultraprocesados como factor clave en el alarmante aumento global de cáncer colorrectal de inicio temprano.
La ciencia habla con urgencia. Es hora de que las políticas públicas respondan: educación en alimentación, regulación rigurosa de la publicidad dirigida a menores y acceso real a alimentación saludable.
María Consuelo Díaz.
Académica de Vinculación con el Medio
Escuela de Nutrición y Dietética
Universidad San Sebastián








