Sergio Durán Monares
Académico de Carrera Enfermería
Universidad Andrés Bello
Los sistemas de calefacción más utilizados en los hogares chilenos son el gas, parafina, a leña, eléctricos y pellet. El calor en invierno va de la mano con el confort y el bienestar en el hogar, además de la necesidad de proteger la salud frente a las bajas temperaturas propias de esta estación. Por ello, la elección del sistema de calefacción depende del acceso y de la mejor opción económica para cada familia.
Las estufas a gas y parafina son, sin duda, las más utilizadas en el país, debido a su accesibilidad y su capacidad para temperar espacios reducidos. Sin embargo, la evidencia científica y las autoridades de electricidad y combustibles advierten sobre cuidados importantes de considerar. Al funcionar, estos equipos consumen oxígeno y pueden generar monóxido de carbono, que, si no se maneja adecuadamente, puede provocar graves daños a la salud e incluso la muerte ante exposiciones prolongadas o en altas concentraciones.
Por esta razón, se recomienda utilizarlos en espacios que permitan ventilación y evitar su uso en ambientes reducidos como dormitorios, baños o livings pequeños. Las estufas a parafina, en particular, deben encenderse y apagarse fuera de la vivienda, ya que en esos momentos liberan una mayor cantidad de gases nocivos.
En cuanto a la calefacción a leña, su uso aún está permitido en algunas ciudades y localidades donde no existen restricciones de emisión. No obstante, la evidencia científica ha demostrado que es una fuente importante de material particulado fino, contaminante directamente asociado a enfermedades respiratorias y a su exacerbación, lo que motiva las restricciones vigentes en varias ciudades del país.
Una alternativa más eficiente, con mayores beneficios y menores riesgos para las personas y el medio ambiente, es la estufa a pellet. Su principal desventaja es el mayor costo de adquisición y la necesidad de mantenciones periódicas para su correcto funcionamiento.
Al calefaccionar un espacio se recomienda mantener los ambientes a unos 20 °C, suficiente para asegurar el bienestar del hogar y evitar excesos de calefacción que podrían terminar en cambios bruscos de temperatura.
Para un uso seguro, conviene tener presente ventilar al menos 10 minutos al día los espacios calefaccionados; priorizar equipos certificados por la SEC; realizar mantención periódica de los equipos; no utilizar parafina ni gas en dormitorios ni mientras se duerme; y mantener los equipos alejados de cortinas, muebles o cualquier material inflamable. En el caso de los niños, es fundamental mantenerlos alejados de las fuentes de calor encendidas y supervisar permanentemente su comportamiento para prevenir quemaduras.








