Por Dr. Manuel Viera,
Presidente de la Cámara Minera de Chile y CEO de Metaproject Group
Los países, igual que los pacientes, tienen signos vitales. Llevo más de treinta años en finanzas de minerales y he aprendido que un balance fiscal se lee igual que una ficha clínica: sin eufemismos. Tomémosle los signos a Chile, con las cifras oficiales de la Dipres sobre la mesa, y preguntémonos algo que casi nadie quiere responder con números: cuánto cobre y cuánto litio necesitamos para salir de esta.
El pulso es el balance fiscal, y viene débil. El año 2025 cerró con un déficit efectivo de 2,8% del PIB, unos US$9.500 millones, y un déficit estructural de 3,55% del PIB, el más alto desde que existe la regla, con la meta incumplida por tercer año consecutivo. La presión arterial es la deuda: 41,7% del PIB. Alguien celebrará que se frenó por primera vez en veinte años, y es cierto. Pero en 2012 la deuda del gobierno central era 11,9% del PIB. Se multiplicó por más de tres en poco más de una década. La respiración es la brecha entre lo que entra y lo que sale: ingresos por 21,4% del PIB contra gastos por 24,3%. Chile respira con ayuda de ventilador, y el ventilador se llama endeudamiento. Y la temperatura es el riesgo país. El spread soberano ronda hoy los 100 puntos base, un buen número. Pero no nos engañemos con la fiebre de un día: en 2012 Chile lucía nota AA- en Standard & Poor’s y Aa3 en Moody’s; hoy estamos dos escalones más abajo, en categoría A. El mercado nos trata bien por el precio del cobre y las expectativas políticas, no porque las cuentas estén sanas.
¿Las causas? Enumero cuatro, sin anestesia. Primera, el gasto corrió más rápido que los ingresos durante una década completa, y los tres últimos presupuestos se construyeron sobre ingresos que nunca llegaron: la propia Dipres reconoció que la recaudación tributaria no minera de 2025 fue la más baja en diez años, excluida la pandemia. Segunda, dejamos de producir: Chile extrae hoy unos 5,4 millones de toneladas de cobre, prácticamente lo mismo que en 2004, mientras el mundo nos compraba a US$13.000 la tonelada todo lo que no fuimos capaces de sacar. La producción de Codelco cayó de 1,7 millones de toneladas en 2017 a 1,33 millones, y su deuda de US$26.000 millones la obliga a destinar más de US$1.000 millones anuales solo a intereses. Tercera, la permisología: un gran proyecto minero demora entre 8 y 12 años en aprobarse, y cada año de demora es recaudación que se evapora. Y cuarta, el litio jugando en contra justo cuando más lo necesitábamos: los pagos de SQM y Albemarle a Corfo cayeron a US$149 millones en el primer semestre de 2025, casi la mitad del año anterior, por el desplome del precio.
Aquí es donde el cobre, Codelco y el litio dejan de ser temas sectoriales y pasan a ser la solución macroeconómica. No hay reforma tributaria, recorte de gasto ni consolidación creíble que genere US$10.000 millones anuales adicionales sin asfixiar la economía. La minería sí puede. La pregunta correcta no es si Chile debe crecer en minería, sino cuánto, y para eso hay que hacer la aritmética que los documentos oficiales esquivan.
Conviene dimensionar primero lo que la minería ya pone sobre la mesa. Codelco aportó US$1.778 millones al Fisco en 2025, un 16% más que el año anterior, incluso en medio de su crisis de deuda. La gran minería privada suma varios miles de millones adicionales entre impuesto de primera categoría, impuesto adicional y el nuevo royalty, cuya recaudación crecerá cerca de 50% hacia el final de la década según las proyecciones oficiales. El sector explica más de la mitad de las exportaciones del país, cerca de un décimo de los ingresos fiscales y varios cientos de miles de empleos directos e indirectos de buena calidad, concentrados en regiones. Ningún otro sector productivo chileno tiene esa capacidad instalada de generar divisas y recaudación al mismo tiempo. Por eso la aritmética que sigue no es un ejercicio teórico: es la única palanca real que Chile tiene a mano.
Hagámosla con supuestos explícitos y conservadores. Con el cobre a US$5,55 la libra, el promedio que proyecta Cochilco para 2026, cada tonelada vale unos US$12.200. Una tonelada adicional de Codelco deja al Fisco cerca de US$4.800, porque sus excedentes van casi íntegros al Estado. Una tonelada adicional de la gran minería privada deja unos US$2.300, sumando impuesto de primera categoría, royalty e impuesto adicional. En un mix realista de 40% estatal y 60% privado, cada millón de toneladas adicionales de cobre aporta unos US$3.300 millones al Fisco: un punto completo del PIB. En litio, cada 100 mil toneladas adicionales de carbonato equivalente, a precios actuales y con la captura estatal que ya aseguran los contratos de Corfo y la asociación Codelco-SQM, que retiene para el Estado el 70% de las utilidades de la nueva producción hasta 2030 y el 85% después, dejan del orden de US$500 millones.
Con esa calculadora, la respuesta a la pregunta del millón es la siguiente. Para cerrar el déficit efectivo, Chile necesita del orden de 2,5 millones de toneladas adicionales de cobre y unas 300 mil toneladas más de litio: eso genera cerca de US$9.900 millones anuales. Para cerrar el déficit estructural y recuperar las métricas fiscales que sostenían el AA- de 2012, la cuenta sube a unos 3 millones de toneladas adicionales de cobre, es decir, llevar al país de 5,4 a 8,4 millones, y duplicar con creces el litio, de 280 mil a unas 600 o 700 mil toneladas. Dicho de otro modo: recuperar el riesgo país de 2012 exige recuperar el liderazgo minero que teníamos en 2012, cuando producíamos un tercio del cobre mundial. Hoy vamos en camino al 20%. La decadencia fiscal y la decadencia minera son la misma enfermedad medida en dos termómetros distintos.
¿Es alcanzable? Sí, y no lo digo como expresión de deseo. La cartera de proyectos mineros de Chile supera los US$104.000 millones. Los yacimientos existen, el precio existe, el capital existe. Lo que falta es velocidad en las decisiones políticas y seriedad, y eso se corrige con decisiones y políticas públicas, no con milagros. Ahora mis recomendaciones desde la minería.
Primero, meta nacional de producción con rango prioritario: 8 millones de toneladas de cobre y 600 mil toneladas de litio al año 2035, con seguimiento trimestral público, porque lo que no se mide no se gestiona. Segundo, cirugía a la permisología: ventanilla única, plazos máximos vinculantes de 3 años para proyectos de la cartera priorizada y silencio administrativo positivo en trámites menores. Tercero, rescatar financieramente a Codelco para que vuelva a producir: retención de utilidades por ley para financiar sus inversiones, reperfilamiento de su deuda a 20 y 30 años mientras conserva el grado de inversión, y planes mineros sincerados con auditorías técnicas independientes, porque buena parte de su crisis nació de planes que no reflejaban la realidad geo minero metalúrgico. Cuarto, acelerar el litio con pragmatismo: licitar los salares pendientes con el modelo de contratos Corfo que ya demostró capturar rentas crecientes con el precio, y abrir Maricunga y los salares menores a asociaciones público-privadas sin dogmatismo. Quinto, exploración: Chile destina menos del 5% del presupuesto mundial de exploración siendo el primer productor; duplicar el catastro geológico y devolver atractivo al capital de riesgo minero es la siembra de la próxima década. La Cámara Minera de Chile planteó hacer un plan de exploración a nivel país. Sexto, blindar la regla fiscal: comprometer por ley que todo ingreso minero extraordinario sobre el precio de referencia vaya a reducir deuda o a los fondos soberanos, nunca a gasto permanente, para que el nuevo ciclo del cobre no termine financiando otra década de déficit. Y séptimo, una gobernanza minera a la altura: el Ministerio de Minería administra un presupuesto de apenas US$57 millones para supervisar el sector que sostiene al país; fortalecer Cochilco y Sernageomin no es gasto, es la mejor inversión fiscal disponible.
Chile no tiene un problema de recursos. Tiene los mejores yacimientos de cobre del planeta, la segunda reserva mundial de litio y un superciclo de precios tocando la puerta. Tiene, eso sí, un problema de decisión. En 2012 éramos un país con superávit, deuda de 12% y nota AA-, y no era casualidad: producíamos como líderes. Volver a esos signos vitales no pasa por descubrir nada nuevo, sino por volver a hacer bien lo que ya sabíamos hacer. Sé que alguien objetará que 3 millones de toneladas adicionales suenan a quimera. Respondo con historia: entre 1990 y 2004 Chile pasó de 1,6 a 5,4 millones de toneladas, es decir, agregó más de 3,5 millones en catorce años, con precios muy inferiores a los actuales y con menos tecnología. Lo hicimos una vez partiendo desde mucho más atrás. La diferencia es que entonces el país decidió hacerlo, y las últimas dos décadas decidió discutirlo. El cobre sigue siendo el sueldo de Chile. La pregunta es si vamos a salir a ganarlo o si seguiremos pidiéndolo prestado. La minería es el único Camino!








