Pedro Rodríguez Rojas. pedrorodriguezrojas@gmail.com
Dr. ciencias sociales e historia. IACC Chile.
La pluriculturalidad es una característica distintiva de la sociedad chilena, con una diversidad étnica y cultural que abarca desde los pueblos originarios hasta las influencias europeas, africanas y latinoamericanas. Según el último Censo (INE 2024) un 12% de la población se reconoce como pobladores originarios. Estas comunidades han luchado históricamente por el reconocimiento de sus derechos y la valoración de su cultura y tradiciones.
En Chile, la diversidad cultural potencializa la interculturalidad. En primer lugar, la presencia de diversos grupos indígenas ancestrales, como los mapuche, aymaras, rapanuis y yaganes, entre otros, en la mayoría de la población chilena, presenta desafíos y oportunidades excepcionales. Los pobladores indígenas ancestrales son comunidades que han habitado la región que hoy conocemos como Chile durante milenios, mucho antes de la llegada de los colonizadores europeos en el siglo XVI. Estas comunidades indígenas han mantenido sus tradiciones, lenguas y culturas a lo largo del tiempo, contribuyendo de manera significativa a la riqueza cultural y la diversidad del país.
Compartimos con Villalón y Pagés (2015), para quienes, si bien en Chile hay un reconocimiento a la existencia de los pueblos originarios en la historia del país, esta es parcializada y sesgada. Para los autores, los indígenas son reconocidos en el pasado lejano anterior a 1900, pero luego son marginados en la historia reciente. Cuando se les nombra se asumen dos posturas radicales: primero, se les reconoce como parte del proceso de mestizaje y el legado cultural representado en el folklore chileno, o al extremo, son rechazados y acusados de poseer un carácter guerrero e incivilizado.
A pesar de que en Chile -por sus condiciones geográficas- no tuvo plantaciones y mano de obra esclava africana en las dimensiones de otros países de la región, esto no puede ser entendido como que no hubo y que no existe descendientes de africano como en el resto de América latina. La mayor concentración de esclavos africanos en Chile se dio en la zona norte, específicamente en la región de Arica, que en ese momento era parte del Virreinato del Perú, pero también en los principales puertos como el de Valparaíso y como servidumbre en las grandes haciendas de Santiago y Concepción (Proyecto AfroCoquimbo, 2023).
Junto a estos descendientes afrochilenos es necesario sumar la población afrodescendiente proveniente de otros países. A pesar de haber sido invisibilizados y negados, la africanidad también forma parte de la diversidad cultural chilena. En el censo 2024, 174.190 personas (0,9%) se identificaron como afrodescendientes (afrochilenos y afrodescendientes inmigrantes). En el censo anterior del 2017 0,6 % de la población nacional se identificó como afrodescendientes (INE, 2017). En 2019, tras años de lucha, la comunidad afrodescendiente fue oficialmente reconocida por el Estado chileno como una población tribal bajo la ley indígena, a través de la promulgación de la ley 21.151.
En las últimas décadas se han sumado las comunidades migrantes que ya representan el 9 % de la población (Estimado INE, 2024). Chile ha experimentado un notable aumento en la migración, especialmente desde los años 90, pero el clímax se produce partir del 2010, por la multicrisis en países como Haití, Colombia y Venezuela. Sin embargo, frente a esta realidad heterogénea, diversa y pluricultural, hay una tendencia a percibir la cultura nacional como identidad, un fenómeno único y hegemónico.
Compartimos con el historiador Lorenzo Agar (2018) para quien: “La historia en Chile se ha construido a partir de una narrativa eurocéntrica. Existe la firme creencia de que nuestro país ha emergido étnica y culturalmente del tronco europeo, más se soslaya el tronco indígena y se observa con suspicacia y desdén la rama asiática o africana” (p23).








