Apropiación social del conocimiento científico

Por Mag. Katia Riveros Zepeda

Educadora de Párvulos y Profesora de Educación Diferencial

Doctoranda en Educación y Eco transformación

Vicepresidenta de la Corporación Más Ciencias Más Sueños

Durante años, la expresión “divulgación científica” fue la más utilizada para referirse a las actividades que buscaban acercar la ciencia a distintos públicos. Etimológicamente refiere a “vulgo” .Hoy continúa vigente, aunque junto a ella aparece cada vez con mayor frecuencia otro concepto: apropiación social del conocimiento. Lo encontramos en convocatorias, proyectos de investigación, fondos concursables y programas universitarios. Ambos términos están relacionados, pero expresan procesos diferentes y conviene comprender qué implica cada uno.

La divulgación científica permite comunicar conocimientos producidos en espacios especializados a personas que no necesariamente poseen formación en un determinado campo. Para ello utiliza lenguajes comprensibles y diversos formatos: publicaciones, noticias, exposiciones, pódcast, talleres, ferias o encuentros con investigadoras e investigadores. Su aporte es indiscutible, porque amplía el acceso a la ciencia, despierta interés y contribuye a comprender asuntos que forman parte de la vida cotidiana.

La apropiación social del conocimiento incorpora otras dimensiones. La investigadora argentina Lisha Dávila Rodríguez ha estudiado la tendencia a utilizar ambos términos como si fueran equivalentes y advierte que la apropiación constituye un proceso complejo, con distintos momentos y condiciones. La divulgación puede favorecerlo, pero comunicar un contenido no asegura que las personas logren relacionarlo con su experiencia, evaluarlo críticamente o utilizarlo frente a un problema concreto.

Las ferias, los talleres y los encuentros científicos siguen teniendo muchísimo valor. El punto está en cómo se realizan y qué lugar ocupan quienes participan. Si la actividad llega completamente definida, la comunidad recibe una información preparada por otros u otras. La apropiación social requiere abrir espacios para preguntar, relacionar ese conocimiento con la vida cotidiana, expresar acuerdos o desacuerdos y aportar otros saberes. El formato puede ser el mismo; lo que cambia es la relación que se construye durante el proceso.

También es necesario revisar una idea bastante extendida: aumentar el acceso a la información produciría, casi automáticamente, más conocimiento. Actualmente podemos encontrar en pocos minutos una enorme cantidad de contenidos sobre salud, alimentación, educación, crisis  climática o inteligencia artificial. Esa disponibilidad representa una posibilidad valiosa, aunque también nos expone a información falsa, afirmaciones sin respaldo, datos presentados fuera de contexto y contenidos elaborados deliberadamente para confundir.

Una persona puede consultar cientos de publicaciones sobre un tema y seguir sin contar con criterios para reconocer cuáles son confiables. Comprender información científica implica preguntarse quién la produce, en qué evidencias se apoya, cuáles son sus fuentes y qué grado de certeza posee. También requiere distinguir entre los resultados de una investigación, una interpretación, una opinión personal y un contenido engañoso que intenta presentarse como conocimiento.

Hablar de información verdadera o falsa puede parecer sencillo, pero en la ciencia esa distinción necesita algunos cuidados. El conocimiento científico se construye mediante métodos, observación, contrastación y discusión entre especialistas. Sus resultados permanecen abiertos a revisión cuando aparecen nuevos antecedentes. Esa condición no le resta valor ni significa que cualquier afirmación sea igualmente válida. Permite diferenciar un conocimiento respaldado por evidencias de una opinión que carece de fundamentos verificables.

La capacidad de realizar esas distinciones forma parte de la apropiación social del conocimiento. Apropiarse supone desarrollar herramientas para comprender, interrogar y utilizar la información con responsabilidad. Una ciudadanía que conoce cómo se produce el conocimiento científico se encuentra en mejores condiciones para reconocer la desinformación, pedir explicaciones y participar en discusiones que pueden afectar sus derechos y su vida cotidiana.

¿Cómo puede desarrollarse entonces un proceso de apropiación? El punto de partida debe considerar el contexto y las preguntas que preocupan a las personas involucradas. Esto requiere conocer previamente con quiénes se trabajará, qué información necesitan y para qué podría resultarles útil. Durante la actividad debe existir la posibilidad de dialogar, plantear dudas, contrastar fuentes y relacionar los contenidos con situaciones concretas. Después, es importante compartir los resultados, mantener disponibles los materiales y dar continuidad a las conversaciones que se iniciaron.

La mediación también cumple una función fundamental. Utilizar un lenguaje accesible no equivale a simplificar hasta perder el sentido ni a tratar a las personas como si fueran incapaces de comprender. Significa explicar los conceptos, transparentar los procedimientos, reconocer las incertidumbres y crear condiciones para que cada participante pueda formular sus propias preguntas. Esta tarea exige preparación y una responsabilidad que suele quedar poco considerada al momento de diseñar o financiar los proyectos.

La evaluación de estas iniciativas tendría que mirar más allá del número de asistentes, las fotografías y la cantidad de actividades realizadas. Importa saber qué pudieron comprender las personas, qué preguntas surgieron, cómo utilizaron la información y si lograron fortalecer su capacidad para tomar decisiones. Estos procesos necesitan tiempo y continuidad; difícilmente pueden medirse únicamente al terminar una charla o completar una encuesta de satisfacción.

Es comprensible que hoy se solicite incorporar la apropiación social del conocimiento en investigaciones y proyectos. Una parte importante de la producción científica se sostiene con recursos públicos y aborda problemas que afectan directamente a la población. Sus resultados deben ser accesibles, comprensibles y socialmente útiles. A ello se suma un escenario en el que la información circula rápidamente y muchas veces cuesta distinguir entre una fuente confiable y un contenido que imita el lenguaje de la ciencia.

La divulgación científica sigue siendo necesaria sin embargo la apropiación social del conocimiento exige avanzar hacia procesos en los que las personas participen desde el comienzo, aporten sus propios saberes y puedan utilizar lo construido. Si hoy tantas instituciones incorporan este concepto, tendrán también que asegurar las condiciones para que ocurra y evitar que quede reducido a una exigencia escrita en los formularios de postulación.

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