Dr. Joaquín Montalva
Facultad de Ciencias Religiosas y Filosofía
Universidad Católica de Temuco
Las últimas semanas, diversas voces (el CRUCH, la ACHIF y numerosos académicos en la prensa) han advertido sobre los efectos de la priorización de hasta un 70% en áreas determinadas como prioritarias, incluidas en las bases del Concurso de Postdoctorado 2027 de ANID: un sesgo que tiende a la virtual exclusión de las humanidades, las ciencias sociales y las artes de toda posibilidad real de adjudicación. Sobre los efectos disciplinares de esta política solo puedo adherir a lo ya dicho. Pero hay un punto que se ha pasado por alto.
La misión de FONDECYT es “estimular y promover el desarrollo de la investigación científica y tecnológica básica y de excelencia en todas las áreas del conocimiento”. Sin embargo, las bases evalúan, junto al mérito científico, “prototipos y productos vinculados con innovación y transferencia tecnológica” y la “vinculación con el sector productivo”: criterios aplicados por igual a todas las disciplinas.
El problema no es que el Ministerio de Ciencia tenga un interés legítimo en la transferencia tecnológica. El problema es cómo y dónde decide perseguir ese objetivo.
El Postdoctorado no es un instrumento de transferencia. Su función es permitir que un investigador recién doctorado consolide una línea propia, publique y desarrolle un proyecto autónomo antes de optar a fondes mayores. Exigirle indicadores de prototipos y vinculación productiva confunde niveles: aplica a la etapa inicial de una carrera académica criterios propios de etapas posteriores de maduración tecnológica (que además aplican solo a ciertas disciplinas e investigaciones).
La propia ANID cuenta con instrumentos destinados a la transferencia, como Fondef y su Programa de Transferencia Tecnológica. CORFO, por su parte, dispone también de herramientas para ese propósito. Si el objetivo es fortalecer la transferencia, son esos instrumentos los llamados a hacerlo, no el Posdoctorado.
Cuando ANID incorpora métricas de fondos de transferencia en el Postdoc, no moderniza el ecosistema: desnaturaliza el instrumento. Es como si CORFO evaluara sus fondos de capital semilla con criterios de publicación indexada. Si esta tendencia se replica en otros concursos como FONDECYT se entraría directamente en un solapamiento entre las agencias destinadas a la transferencia que operan desde el Ministerio de Economía y el Ministerio de Ciencia. Si es que ANID abandona el apoyo a la ciencia básica, ¿qué lo distinguiría de CORFO?
Esta es una política que incluso bajo criterios economicistas es ineficiente en tanto duplica procesos ya existentes y focaliza recursos para la transferencia y la I+D en concursos diseñados bajo criterios académicos. Así, se distorsiona un instrumento cuyo presupuesto individual es insuficiente para alterar la matriz productiva, pero cuyo impacto sobre el ecosistema de la investigación académica puede ser devastador.
El mayor peligro no es presupuestario, sino institucional. Al imponer una determinada idea de utilidad económica en la etapa más vulnerable de la carrera académica, el Estado erosiona la Ciencia Básica en su etapa más vulnerable y emergente.
Si chile necesita más transferencia, fortalezcamos los instrumentos creados para ello y dejemos que el Postdoc cumpla su función. Al final, quedan dos posibilidades; o la ministra y su equipo no entienden cómo funcionan los distintos fondos e instrumentos que deben gestionar, o este cambio responde a una decisión ideológica que atenta contra el quehacer académico. Lo que difícilmente puede sostenerse, por más que la Ministra lo intente, es que esta modificación represente mayor eficiencia.








