Claudio Véliz
Académico. Escuela de Humanidades
Universidad Gabriela Mistral
Ad portas de la celebración de Fiestas Patrias en Chile, cuando la mayor preocupación de la población son las fondas, ramadas, y reuniones familiares alrededor de un asado, ensaladas y algo de buen vino, vale la pena recordar a los autores que escribieron y consolidaron la Independencia.
La Primera Junta de Gobierno de 1810, celebrada el 18 de septiembre, en realidad, fue un acto de lealtad para la corona española, usurpada por Napoleón, quien puso en el trono a su hermano José Bonaparte, conocido popularmente como “Pepe Botella”. En este sentido, es presumible que Don Mateo de Toro y Zambrano, un octogenario, no tendría en sus planes la separación de la entonces Capitanía General de Chile del gobierno del depuesto rey Fernando VII.
Como todos sabemos, la historia corrió por otro rumbo, de la mano de Bernardo O’Higgins, los hermanos Carrera y hay que sumar a José de San Martín (por el lado de la emergente Argentina), quienes dialogaban con las ideas de Simón Bolívar y Francisco Miranda, nombres relevantes para la Independencia latinoamericana.
Ellos fueron los señeros, pero hay otros personajes que, a medida que transcurría el siglo XIX, documentaron y consolidaron el Chile independiente. Sin duda, uno de estos altos nombres es el de fray Camilo Henríquez, quien, utilizando la imprenta, el moderno artefacto que se importó desde Europa para imprimir La Aurora de Chile, apoyó la difusión de la incipiente nación.
Por otro lado, la bandera que todos colocamos en el frontis de nuestros hogares, no fue la creación de una sola mente sino de varios autores: por un lado, la versión oficial sostiene que fue José Ignacio Zenteno, ministro de Guerra, quien durante la administración de Bernardo O’Higgins ideó la base para el estandarte nacional. Otros estudiosos aseguran que el creador fue el militar español Antonio Arcos, mientras también se señala a Gregorio de Andía y Varela como el diseñador de este símbolo patrio. La bandera actual fue legalizada por el Decreto Ley del 18 de octubre de 1817 y fue usada públicamente, por primera vez, el 12 de febrero de 1818 en la proclamación de la Independencia.
¿Y nuestro himno? En 1847, el gobierno de Manuel Bulnes solicitó dicha composición al entonces joven poeta Eusebio Lillo, para reemplazar el que existía hasta ese entonces, que se presentaba con bastante hostilidad hacia España. La música, en tanto, llegó antes que la lírica. Fue encargada al español Ramón Carnicer por don Mario de Egaña, interpretándose por primera vez el 23 de diciembre de 1828 para el público de Chile.
La consolidación de la Independencia se realizó a través de un largo proceso en que participaron criollos idealistas, pero también escritores, artistas, y la misma ciudadanía. Como diría nuestra Premio Nobel, Gabriela Mistral: “Cuando septiembre nos devuelve los días buenos y en las lonjas de viña o de trigo, la vendimia o la trilla, se quiebra el invierno, la cueca comienza a hervir en nosotros como un mosto; la cueca va y viene en la luz de los valles, lo mismo que en las lanzaderas que corren a lo largo del telar”.








